"Es de conocimiento social que la derecha siempre se ha opuesto a que la educación contemple una perspectiva no sexista, probablemente el ejemplo más tangible de esto sea efectivamente la educación sexual. Las declaraciones del ministro Gerardo Varela sobre sus “hijos campeones” porque usan más de un condón fue la primera muestra más clara de ello".

Por Javiera Ortiz Pulgar, periodista feminista e integrante del Frente Feminista Movimiento Autonomista.

Durante el último mes hemos visto cómo las demandas por una educación no sexista y con espacios – tanto en universidades como en colegios- libre de acoso y abuso sexual se han tomado, literalmente, los distintos centros educativos.

Al fin miles de mujeres vemos cómo el movimiento estudiantil hace propia una demanda que comenzó desde hace un par de años en la Confech, pero de las cuales recién hay visibilidad como corresponde. En medio de este álgido debate y de un accionar social sin precedente alguno en la historia política estudiantil, por su magnitud y porque las mujeres ocupamos el rol protagónico, ahora hay una segunda valla por cruzar.

Es de conocimiento social que la derecha siempre se ha opuesto a que la educación contemple una perspectiva no sexista, probablemente el ejemplo más tangible de esto sea efectivamente la educación sexual. Las declaraciones del ministro Gerardo Varela sobre sus “hijos campeones” porque usan más de un condón fue la primera muestra más clara de ello.

Los siete planes de “educación sexual” que impuso Joaquín Lavín cuando era ministro de Educación, durante el primer gobierno de Piñera, es otro ejemplo de un error que hoy se quiere repetir. Que la familia fuese quien debiese elegir y que los establecimientos educacionales optaran “libremente” por uno de ellos revelaba la ignorancia de las autoridades respectivas. Partir de la premisa que los adultos por ser “padres o madres” tienen mejores prácticas sexuales que los adolescentes es un error: ¿Quién les enseñó a ellos?

Mientras que algunos planes apegados a religiones ni siquiera les enseñaban a les estudiantes la prevención del contagio de ETS a través del uso de preservativos. Peor aún, ninguno de estos planes tenía contenidos mínimos ni mucho menos obligatorios. Resultado de ello es el alza del contagio de VIH en adolescentes.

Sin embargo, si la fórmula que entrega el actual gobierno es peligrosa, lo es aún más que dentro del equipo jurídico del Ministerio de Educación se haya designado a Tomás Henríquez, ex director ejecutivo de “Comunidad y Justicia”. ONG que se declaraba públicamente contra la diversidad sexual y el aborto, bajo el falaz argumento del “derecho a la vida, a la integridad física y psíquica, a la defensa de los derechos de la familia y a la libertad de enseñanza”.

Si bien el mismo ministro de Educación ha defendido esta asignación apelando a que este es un cargo técnico, la duda que recae es sobre la fiscalización de este cargo y si acaso sólo cumple un rol “técnico”. ¿Cómo asegurarse que la persona que decide sobre la viabilidad jurídica de un proyecto realmente avale un plan que vaya en contra de sus principios, hasta, profesionales?

Sin duda la trayectoria de este abogado y su incorporación a un equipo de “confianza” es la evidencia de la hoja de ruta que este gobierno desarrollará respecto a las demandas del movimiento estudiantil: jugársela con engranajes claves para boicotear no sólo en su discurso, sino también técnicamente los avances hacia lograr una educación no sexista. Vaya gobierno que dice que serán “tiempos mejores”.

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