"¿Qué hacemos cuando la ley, por ejemplo, no incluye dentro de los concursos públicos o dentro de la estructura orgánica de la Universidad criterios con perspectiva de género? ¿Qué hacemos cuando es la misma ley la que impone criterios machistas o discriminatorios? ¿Nos podemos quedar de brazos cruzados? ¿Puede una universidad pública quedarse tranquila con solo cumplir la ley?"

Por Marioly Hernández y Jorge López Vega, estudiantes Universidad de Talca

Fotografía por Toma Feminista UTalca 

Hace más de un mes que lxs estudiantes del Campus Santiago de la Universidad de Talca (UTAL) se encuentran movilizadxs. Las demandas son las que ha propuesto el movimiento feminista para la sociedad: el establecimiento de un marco normativo vinculante que obligue a todos los miembros de la comunidad universitaria a adecuar sus conductas a estándares de comportamiento no sexistas ni discriminatorios, y la transformación de la educación con el objeto de incluir a las mujeres y a la diversidad sexual como sujetos creadores de conocimiento.

Hemos vivido un hermoso proceso de movilización nunca antes visto en el Campus Santiago. Primero, nos organizamos para formar una asamblea de mujeres, ya que no había en el campus un espacio para que las compañeras se sintieran en confianza para contar sus experiencias. Luego, se acordó un petitorio que unificó las demandas de todas las carreras, en el cual participaron tanto hombres como mujeres. Pero ahora estamos en la etapa de defender las peticiones con el objeto de transformar la UTAL como un espacio libre de acoso y en el que las mujeres y la diversidad sexual tengan un espacio para desarrollarse plenamente.

El principal obstáculo que hemos tenido es que la Universidad, como órgano integrante de la administración pública, debe adecuar su acción solo a lo que le permite la ley. La pregunta que tenemos que hacernos como movimiento es ¿Qué hacemos cuando la ley, por ejemplo, no incluye dentro de los concursos públicos o dentro de la estructura orgánica de la Universidad criterios con perspectiva de género? ¿Qué hacemos cuando es la misma ley la que impone criterios machistas o discriminatorios? ¿Nos podemos quedar de brazos cruzados? ¿Puede una universidad pública quedarse tranquila con solo cumplir la ley? No creemos que sea así, y esa es la invitación, que la Universidad y la sociedad entera revolucione también los viejos criterios. Entender que el feminismo también propone nuevos criterios de justicia que deben ser incorporados.

Proponemos una verdadera revolución en este sentido, no solo medidas parche. Planteamos cambiar todo lo debe ser cambiado. Al final, eso es lo que buscamos. Eso hará que el movimiento feminista deje de ser un movimiento de élite y se transforme más bien, en un movimiento popular. 

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