"Desde la vuelta a la democracia, existen tres casos de detenidos desaparecidos en manos de carabineros: el primero fue Hugo Arispe, detenido y desaparecido en Arica el 2001. El segundo fue José Huenante, detenido y desaparecido en Puerto Montt el 2005. El tercero, José Vergara, detenido y desaparecido en Alto Hospicio el 2015".

Por Valentina Camilla-Araya, editora general Bello Público

El sábado 13 de septiembre de 2015, José Antonio Vergara Espinoza tuvo una crisis esquizofrénica que no pudo ser controlada por sus familiares. En ocasiones anteriores, cuando esto ocurría, la familia llamaba a carabineros para pedir ayuda. Llegaban al domicilio, subían a José a la cuca y esperaban a que se calmara para que volviera unas horas más tarde a su hogar. Esa mañana más gris por la camanchaca no fue así y hasta el día de hoy, tres años después, nadie sabe dónde está y nadie quiere decir dónde puede estar.

A las 08:45 de la mañana se estacionó la cuca de los pacos que se llevaría a José al desierto. En ese auto iban los cuatro ex carabineros que harían desaparecer a una persona en medio de la nada porque se les antojó, porque se sentían capaces, porque pensaron que nunca a nadie le iba a importar. Se sabían impunes, saborearon la idea de que no les podía pasar nada, creyeron que nadie se iba a dar cuenta, porque a veces entre todo ese desierto, hay cosas de las que nadie se da cuenta.

Los carabineros integrantes del cuadrante N°7 de la Tercera Comisaría de Alto Hospicio, Abraham Caro, Manuel Carvajal, Carlos Valencia y Ángelo Muñoz fueron los últimos en saber dónde está, fueron los últimos en escuchar su voz, ver sus ojos, palpar su cuerpo.

Modificaron la hoja de ruta, falsearon información a la Central de Comunicaciones de Carabineros y después siguieron el recorrido por el centro de Alto Hospicio como si nada hubiera pasado.

A un mes de la desaparición, recién comenzaron las investigaciones por parte de la institucionalidad para intentar encontrarlo en el inmenso desierto que rodea la soledad de Alto Hospicio que guarda tantos secretos con ese sol que ha secado tanta sangre por sobre la arena. En la búsqueda, se revisaron kilómetros y kilómetros de desierto, piques mineros, playas, basurales, ferias y casas. En ningún lugar había algo que pudiera ayudar a saber dónde lo habían dejado.

Desde esa fecha, los procedimientos y el actuar del Estado, carabineros y toda la institucionalidad que rodea el caso ha sido deficiente y discriminadora, una vez más.

Hace casi 20 años, cuando comenzaron a desaparecer las mujeres de Alto Hospicio, la prensa, la gente, los pacos y los afuerinos, insistieron en que se habían ido a buscar una mejor vida, que se habían ido porque eran prostitutas, porque eran violentadas en sus hogares, porque eran drogadictas… y así una lista de excusas para hacer nada que suma y sigue. Puras justificaciones que entorpecieron procesos, que dañaron familias y que estigmatizan a toda persona que se atreva a habitar ese Alto Hospicio... siempre visto como un lugar tan lejano, tan ajeno. Una ciudad de la cual siempre se niega, porque mejor no hablar de ciertas cosas.

Pareciera que por ser pobre, la gente tiene la culpa de lo que le pasa. No los que hacen que las cosas malas pasen. Pareciera que por venir de Alto Hospicio hay cosas que no importan tanto, porque vivir en un lugar que a nadie le importa, es un factor que relativiza la importancia que tiene tu vida dentro de la sociedad.

Pasan los años y la historia se repite. La discriminación, el olvido y la marginación siguen ahí. Siguen entorpeciendo las vidas de la gente que habita un lugar que merece ser dignificado. La prensa local no ha hecho una cobertura periodística extensa sobre el tema, la prensa nacional lo recuerda a veces, la gente en el norte no siempre sabe quién es, la gente en Chile ni siquiera sabe quién es, ¿sabes quiénes son?

Para no olvidar debemos intentar recordar a todos. Hasta la fecha, desde la vuelta a la democracia, existen tres casos de detenidos desaparecidos en manos de carabineros: el primero fue Hugo Arispe, detenido y desaparecido en Arica el 2001. El segundo fue José Huenante, detenido y desaparecido en Puerto Montt el 2005. El tercero, José Vergara, detenido y desaparecido en Alto Hospicio el 2015. Todos ellos detenidos y hechos desaparecer en manos de carabineros de Chile.

Es lamentable sentir que si hubiesen sido hombres con apellido que no se pronuncia como se escribe, o si hubieran venido de familias con plata o de Las Condes... quizás sabríamos dónde están. Quizás nunca les hubiera pasado lo que les pasó. Quizás nadie los olvidaría tan rápido.

La impunidad aún se respira en Chile y seguirá siendo una fragancia imaginable para muchos si es que el estado, la sociedad, los políticos y toda persona que habita este territorio no la cuestiona. No puede seguir ahí, tan invicta, tan a la mano de algunos, mucho menos tan a la mano de los que visten uniformes que se han ensuciado con la sangre de gente inocente durante distintos y dolorosos momentos de la historia de Chile.

Para que nunca más, llevemos sus nombres en algún lugar de todas las cosas que pensamos diariamente. Para que nunca más, conversemos sobre ellos. Para que nunca más, no dejemos de sentir.  Es urgente visibilizar que estas cosas aun pasan en Chile y que el Estado y la institución se saben culpables, saben perfectamente lo que han hecho, pero se siguen cuidando para seguir saboreando la falsa idea de la impunidad que los rodea.

Por José, Hugo y José.
Por todos y todas las que ya no están.
Y por nuestro futuro
no podemos olvidar jamás.

 

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