Cuando se habla de ciencia ¿en qué nombres se suele pensar? Stephen Hawking, Albert Einstein, Isaac Newton, Charles Darwin y quizás, en Marie Curie. Son muchas las mujeres que fueron olvidadas por la historia de esta área típicamente masculinizada, y hay otras que hoy abren su propio camino a pesar de todos los obstáculos. Las cifras son preocupantes y dejan en evidencia la brecha de género. Según datos de la Unesco correspondientes al 2017, del total de científicos investigadores, solo un 32% son mujeres. Esta situación se ve agravada en el área de la ingeniería y la tecnología, en las que hay solo un 19% de representación femenina.

Por Martina Cáceres y Valentina Ortiz Herrera

Fotografías por Javiera Canelo y Manuel Pincheira

Marie Curie es una de las pocas científicas que actualmente está en los libros de ciencia de los colegios, es reconocida por haber recibido dos premios Nobel -el de Física y el de Química- y por ser pionera en los estudios de radiactividad, sin embargo, poco se conoce sobre la injusticia de la que fue protagonista. Inicialmente no estuvo nominada al galardón y fue su marido quién debió convencer a varias personas de la academia sueca para que la incluyeran. Su petición no había sido escuchada, pero la de su marido, y en definitiva la de un hombre, si lo fue.

Otro caso es el de Lise Meitner, una física austríaca que descubrió la fisión nuclear junto a Otto Hahn, un hallazgo por el que solamente a Hahn le dieron el premio Nobel, mientras que el nombre de Lise fue olvidado. Han pasado muchas décadas de ambos sucesos, pero hoy aún hay mujeres que son las primeras en obtener ciertos reconocimientos que solían estar reservados para los hombres. Es el caso de Salomé Martínez, Ingeniera Civil Matemática, quien a fines del año 2017 se convirtió en la primera profesora titular del Departamento de Ingeniería Matemática (DIM) de la Universidad de Chile.

La historia de Salomé es el reflejo de las dificultades que actualmente enfrentan las científicas en la academia. El DIM fue fundado en 1965, por lo tanto, pasaron 53 años para que recién nombraran docente titular a una mujer. Hoy hay 26 académicos en el Centro de Modelamiento Matemático del que la profesora es parte, y solo dos son mujeres. A nivel Universidad de Chile la situación no cambia, porque de cada cinco profesores titulares, hay una mujer. Este problema no radica solo en las decisiones de unas pocas personas, sino más bien se debe a una condición estructural que históricamente ha relegado a las mujeres a ciertos roles como el de esposa y madre, alejándola de áreas como la ciencia y la ingeniería, perdiéndose así un sin número de talentos.

Salomé ingresó a la Universidad de Chile en el año ‘89, y asegura que en su paso por el pregrado no notó las discriminaciones que pudo haber vivido por ser mujer. No porque no existieran, sino porque en ese contexto la igualdad entre mujeres y hombres no era un tema importante en la sociedad. “Era otro Chile en el que estudié yo, uno en que no se trataban estos temas. Yo solo me concentré en que me fuera bien y en aprender lo más posible”, afirma. Y fue gracias a estos esfuerzos que pudo estudiar un doctorado en Estados Unidos, donde además tuvo el cargo de profesora auxiliar. Para asumir esta jerarquía tuvo que realizar un curso sobre el trato con el estudiantado y allí por primera vez percibió el machismo que hay en el área científica. Reparó que en el extranjero la equidad era un tema que se trabajaba, pero acá en Chile, no.

Luego de esa experiencia, no dejó de darle vuelta en la cabeza la brecha de género que hay en el área en la que se desempeña y cuando se convirtió en docente, comenzó a trabajar en ello. Creó el Programa de Equidad de Género (PEG), el cual fomenta el ingreso de mujeres estudiantes a la FCFM, permitiendo que las primeras 40 jóvenes de la lista de espera entren Plan Común de la Escuela de Ingeniería y Ciencias. También creó el Programa de Equidad de Género en la Academia, que impulsa a las mujeres a que sean académicas, porque el problema no queda solo en el estudiantado.

Hoy Salomé está convencida del rol de las científicas: “Es muy importante que los equipos de investigación sean diversos porque se realizan mejores investigaciones, se producen mejores proyectos. Porque si hay mujeres en el equipo hacen que los problemas sean abordados de perspectivas mucho más amplias”.

 

 

Niños en matemáticas y niñas en lenguaje

¿Por qué las mujeres no escogen en su mayoría dedicarse a carreras del área científica o tecnológica? La falta de interés no es una respuesta, ya que desde la primera infancia las niñas escuchan en salas de clases y en sus propias casas afirmaciones machistas que les hace creer que el azul es un color para niños y que el rosado es adecuado para ellas o que los autos no son juguetes con los que pueden divertirse, pero sí lo son las muñecas. Las obligan a usar jumper o falda y a ser delicadas, mientras que a los niños les permiten el uso de pantalones y se les concede la libertad de llegar transpirados a las salas de clases, sin ser juzgados. En algún momento de su infancia las niñas se convencen de que sus compañeros son buenos para las matemáticas, y que ellas son buenas para lenguaje.

Esta situación queda en evidencia todos los años cuando se conocen los resultados de las pruebas del Sistema de Medición de la Calidad de la Educación (SIMCE). En ellas las niñas y los niños obtienen resultados similares hasta cuarto básico, pero a medida que crecen los prejuicios mencionados anteriormente calan en las niñas y se van quedando atrás en matemáticas. Por ejemplo, en el Informe PISA del año 2015, realizado por la OCDE, las niñas chilenas de octavo básico y de segundo medio, obtienen 14 puntos menos que los niños en matemáticas.

Es usual escuchar que las mujeres naturalmente no tienen interés en las ciencias o en las matemáticas, esto se suele respaldar con teorías de la neurociencia que afirman que las mujeres tienen un cerebro distinto al de los hombres. No obstante, la neurobióloga Catherine Vidal, asegura que la única diferencia entre ambos cerebros tiene relación con las funciones reproductivas, pero que no hay disparidad en las habilidades cognitivas. Esto se debe a el cerebro es plástico y por ende puede crear conexiones neuronales dependiendo de los estímulos que reciba.

Considerando las certezas entregadas por la ciencia que estudia el sistema nervioso, se vuelven muy relevantes los incentivos que reciben las niñas en los colegios, por lo que los y las profesoras juegan un rol muy importante y es trascendental que sean formados en materias de género. Sin embargo, Chile está en deuda con ese tema. Un estudio publicado en la revista Teaching and Teacher Education en el año 2015 y realizado por Alejandra Mizala, directora del Centro de Investigación Avanzada en Educación, junto con Francisco Martínez y Salomé Martínez, reveló que los estudiantes de pedagogía básica suelen subestimar las capacidades de las niñas en el área matemática, lo que no sucede con lenguaje.  

Los estereotipos de género reproducidos por profesores no es algo que solo está presente en los colegios, sino que se extiende también a las universidades. De esto es testigo Constanza García, quién entró a la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile con la idea fija de estudiar Geología y muy interesada por el estudio de la tierra, pero hoy asegura que ha vivido un trato distinto por ser mujer: “No me ha tocado una discriminación tan notoria, pero si tal vez mini discriminaciones en el sentido de que pueden escuchar más a un compañero, su opinión, más que la mía o la de una compañera”.

En la facultad en la que estudia Constanza, solo un 32% de las y los estudiantes son mujeres. Esto se puede notar al recorrer los patios del Campus Beauchef, en donde grupos únicamente de varones ocupan la mayoría del espacio, por lo que ver a una mujer puede ser difícil. A pesar de esta situación, Constanza hace el llamado para que más mujeres decidan estudiar ciencias o ingeniería: “Una vez entrando acá las jóvenes se van a dar cuenta que las puertas y las oportunidades que tienen son infinitas y también es genial conocer a las profes mujeres de esta facultad porque son secas”.

 

 

El difícil camino de las vocaciones científicas femeninas

Salir del colegio y decidir qué estudiar suele ser un momento estresante en la vida de las y los jóvenes chilenos, ya que deben conciliar sus aspiraciones con el puntaje que obtienen en la Prueba de Selección Universitaria (PSU), sus notas de enseñanza media y a veces incluso los deseos de sus padres. En ese contexto, las mujeres tienen mejores notas durante su escolaridad, en el 2017 ellas tuvieron en promedio 554 puntos de NEM y ellos 526. Sin embargo algo ocurre, ya que los hombres suelen registrar mayores puntajes en la PSU.

En consecuencia, los hombres acceden a carreras con mayor campo laboral y con mejores expectativas salariales, por el contrario y según datos del 2017 la matrícula de mujeres de primer año se concentró en el área de salud en un 25% y en un 18% en educación que son áreas típicamente feminizadas por estar relacionadas con el cuidado y la crianza, mientras que sólo un 9,1% decidieron por el área tecnológica y apenas un 1,4% por las ciencias.

Respecto a las expectativas parentales, un cuestionario que se le toma a los padres de las y los estudiantes que rinden la prueba PISA, arrojó como resultado en el caso chileno que el 50% de los papás de los niños esperan que sus hijos sigan carreras relacionadas con ingeniería, tecnología o matemáticas, y en el caso de las niñas solo un 17% de sus papás tenían estas expectativas.

Las mujeres que superan todas las barreras del sistema educacional y que finalmente ingresan a la universidad a estudiar una carrera científica o tecnológica, no dejan de luchar diariamente contra los prejuicios machistas cuando terminan el pregrado, ya que esto las persigue a lo largo de toda su carrera académica.

Las académicas son sancionadas por pasar períodos de “inactividad científica”, lo que en las mujeres es usual cuando dedican tiempo a la maternidad. Por ejemplo, para ser parte de un claustro doctoral se pide como requisito haber hecho una publicación por año en revistas del área. En este escenario, suelen privilegiarse las carreras que no han tenido interrupciones.

A pesar de todas estas dificultades expuestas, Teresa Paneque, estudiante de Astronomía de la Universidad de Chile, asegura que fue muy afortunada porque no tuvo problemas al desarrollar su interés por la ciencia, debido a que su mamá y su papá son científicos. Por esto hace un llamado a las niñas que no tuvieron su misma oportunidad que se animen a estudiar ciencias ya que “una aprende cosas hermosas y tienes oportunidades maravillosas. Es ridículo no atreverse a estudiar esto, es como si a ti te dijeran: no te puedes comer ese pedazo de torta de chocolate porque solamente es para niños. No tiene sentido. Es un prejuicio absurdo, está obsoleto y tenemos todos tenemos que cambiar eso”.

Es necesario que iniciativas como las que hay en Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile se repliquen en otras universidades y al mismo tiempo es imprescindible que la educación no sexista pase de ser un lema a una realidad y que la historia haga justicia con las mujeres científicas del pasado.

La creación de vocaciones femeninas debe ser un tema prioritario en el país, ya que, así como los talentos no están distribuidos solo en algunas comunas de Chile, tampoco están repartidos según un género.

Acerca del Autor

Bello Público

Más artículos de este autor.

Comparte lo que lees

  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • Oh... que veo harto con los ojos abiertos Leer más
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10

Instagram @bellopublico