A cien años del natalicio de Violeta Parra, mujeres de todos los rincones de la capital se juntan a bordar sus historias en un país diferente al que conoció la artista, pero con conflictos sociales tan complejos como los de antaño.

Por Maritza Peña
Fotografías por Andrea Valderrama

Son las 11 de la mañana y un movimiento inusual se apodera de la Universidad de Santiago (USACH). Todo está listo para recibirlas.

Mujeres con grandes y coloridos adornos florales en la cabeza comienzan a distribuir una gran cantidad de sillas en la explanada de la Casa Central. Las organizadoras despliegan bellos bordados en un cordel, adornando el escenario e impregnándolo de colores.

Media hora más tarde, con el inusual sol de agosto sobre sus cabezas, docenas de mujeres comienzan a llegar a la USACH, preguntando por el taller de arpillera.

Algunas vienen solas, otras visten uniforme escolar, algunas son expertas en el mundo textil, otras son apasionadas principiantes; pero el propósito siempre es el mismo, todas han sido convocadas a ‘’bordar presencia’’.

Bordar presencia

Decenas de mujeres sentadas en círculo conversan mientras bordan. Comparten sus nombres, sus historias, mientras los hilos coloridos se mezclan entre sus dedos.

Se les ha entregado una paloma blanca, que debe ser bordada sobre una tela de color. La idea es que dentro de la paloma escriban algo que quieran decir, algo que las motive, que las haga sentir.

Carmen Gloria le quita la paloma a su marido y le explica cómo hacerlo de la forma correcta. Él la observa confuso, pero atento y vuelve a tomar la tela. Quedaron cesantes hace poco y se enteraron del evento porque Carmen participa en un colectivo de cuentacuentos y sus compañeras la invitaron a bordar.

La paloma de Carmen Gloria dice DIOS en letras moradas. “Escribí esto en el centro de la paloma porque soy una mujer creyente y Violeta hablaba mucho de Dios y del Santo Padre en sus canciones, entonces me hizo sentido”, relata.

En un grupo cercano, otras mujeres conversan alegremente mientras disfrutan del sol. Una de ellas levanta la mano para develar, quizás, la máxima incógnita del evento. “¿Esto es arpillera?” Una de las organizadoras se acerca y responde que no, que es tela corriente pero que en este caso cumple el mismo objetivo que la arpillera, pues lo que importa es el bordado y lo que se expresa en él. La mujer baja la vista y observa su paloma, se da un segundo para pensar la respuesta que acaba de recibir y sigue bordando.

En el mismo grupo están Olga y Silvana. Olga se apresura a reconocer la herencia de Violeta Parra. “Yo trabajo en textiles y me pareció interesante llevar a cabo un bordado a mano, a pulso. Poder experimentar y rescatar el oficio Violeta Parra es político también. Yo pienso en arpilleras y Violeta sale al tiro”, comenta. Silvana, por otra parte, tiene claro el mensaje que quiere transmitir con su paloma: “Yo trabajo en el Sernam con mujeres que son víctimas de violencia, por eso escribí ‘Ni una menos’”.

Cada cierto tiempo, la voz de las bordadoras se une a la música de Violeta Parra que acompaña de fondo. El ambiente está cargado de su presencia, su nombre se pronuncia con frecuencia, con cariño. Ellas hablan de ‘’la Violeta’’ como si fuera su amiga, su compañera y de alguna forma está en cada una de ellas, mientras se pinchan el dedo con la aguja y corean sus canciones.

Memorarte: Arpilleras urbanas

Érika Silva luce un cintillo de flores bordadas. Luego de su salida de la Moneda, la exasesora de Sebastián Dávalos participó en la creación del colectivo Memorarte y hoy es miembra de su directorio, actividad que coordina con el trabajo que realiza en el Centro de Investigación en Educación Crítica (CIEC) de la USACH.

El colectivo Memorarte, con sede en la comuna Pedro Aguirre Cerda, es una organización de arpilleristas que además de confeccionar y bordar, llevan este arte a diferentes comunas realizando talleres e intervenciones artísticas.

Memorarte busca rescatar la tradición textil en forma de homenaje a su principal exponente en América Latina: Violeta Parra, quien durante la década del 60, expresó a través de la arpillera una fuerte crítica a los conflictos armados, la iglesia y la división y rivalidad entre países a nivel continental.

Para Érika es igualmente importante situar el bordado en el duro contexto social que vivían las mujeres familiares de detenidos desaparecidos, quienes en la tela del saco y la lana encontraron una herramienta para denunciar las reiteradas violaciones a los Derechos Humanos durante la dictadura.

“Las arpilleras que están en el museo son las que bordaron mujeres de ese tiempo, de la Vicaría de la Solidaridad u otras organizaciones. Ellas bordaban para vivir. En el fondo vendían sus piezas para poder comer. De alguna u otra forma también eran víctimas. Empezamos a entender que bordar es una forma de registrar la historia y la vulneración a los derechos económicos, sociales y culturales”, reflexiona.

Hacer universidad para la comunidad

Pablo Gutiérrez Verdi, Director Ejecutivo de la Corporación Cultural de la USACH, se pasea curioso entre las mujeres, observando su trabajo.

La elección de esta casa de estudios no ha sido casual, sino que es parte de una serie de actividades pensadas por el Centro de Extensión de la universidad, en el deseo, tanto de conmemorar los 100 años de Violeta Parra como de la necesidad de incentivar actividades en pos de la articulación de la comunidad universitaria.

“Nosotros tenemos como misión fomentar las acciones culturales de la universidad, motivar y hacerlo participativo. Pretendemos que esta obra sirva en otras instancias, por ejemplo, estas arpilleras se unirán en un gran faldón que vestirá el Aula Magna para el concierto de la orquesta clásica en homenaje a Violeta Parra, que se llama Canto para la diferencia”, cuenta Gutiérrez.

La mayoría de las mujeres que bordan en la explanada de la Casa Central son ajenas a la universidad, pero convergen en la unión y el deseo de expresarse y compartir. Es aquí donde Pablo encuentra un símil con los movimientos sociales que se han desarrollado con fuerza durante los últimos años y reconoce la tarea del colectivo Memorarte.

“Aprendimos gracias a Memorarte que las arpilleras son también una forma de sacar la voz, de decir cosas a través de ella, como grito de lucha. No es raro encontrarlas en marchas contra el femicidio, pro derechos humanos. El proceso es complejo porque la persona que desarrolla trabajo de bordado de alguna forma está poniendo emociones en torno de una catarsis y transmite ideas”, explica el director.

Paola González, actual coordinadora de Gestión y Vinculación de la Corporación Cultural de la Usach recorre los grupos entregando ayuda. Fue la encargada de difundir el evento, pero su tarea no terminó ahí. Sus manos no dan abasto, la llaman de aquí y de allá, sus dedos se entrelazan con los hilos que ofrece a cada mujer que lo necesite. En la cadera lleva un pañuelo vistoso tanto en colorido como en mensaje: “NO + AFP”.

“Lo primero fue gestionar la difusión, recibir la percepción de las interesadas y fue sorprendente porque no esperábamos que en cuatro días pasáramos de 17 a 625 asistentes. Entonces imagínate, en términos de producción era agarrarse de la cabeza y decir ‘¿cómo lo hacemos?’”, relata.

Dice no haber bordado el pañuelo que cuelga de su cintura, sin embargo, reconoce la necesidad de esta actividad en el contexto en que se sitúan las demandas sociales en este proceso.

“Evidentemente es un medio de denuncia, pero con una coalición entre el corazón, el sentimiento, el arte, la palabra y la forma. Es denunciar lo que nos parece que es injusto y que nuestro país tiene que mejorar. Imagínate toda esta comunidad unida en una sola energía que va a decir algo y lo va a representar. Eso es súper potente y lo logra una materialidad súper simple con una voluntad fuerte”, cuenta.

Justicia por Andrea

Un grupo en especial llama la atención. Jóvenes estudiantes del Liceo Emilia Toro de Balmaceda bordan en círculo. Paulina Herrera, profesora de Artes las llevó al taller pues en el colegio está la intención de iniciar un taller de arpilleras articulando las clases de tecnología y lenguaje. “Trajimos una chica por curso para que aprendieran y tuviesen claro el oficio”, dice. Pero para una de las jóvenes estudiantes la arpillera tiene un sentido aún más profundo e importante.

Su nombre es Anneke y fue compañera de Andrea Mazza, menor de 15 que fue asesinada luego ser drogada y violada por Steve Sánchez de 21 años en agosto de 2017. La joven se levanta a conversar con Érika Silva, una de las organizadoras del evento, quien le aconseja que borden sus propios pañuelos y se fotografíen etiquetando a Memorarte pues así su mensaje tendrá más alcance. La joven agradece el gesto con emoción.

“La marcha consiste en hacer justicia por lo que le pasó a nuestra compañera Andrea. Nos tratan de maracas y queremos que esto se acabe, no es primera vez que pasa. En este país, para que andamos con rodeos si la justicia no existe. Con suerte le van a dar dos, cinco años y lo van a tirar pa’ fuera, pero nosotras no queremos que sea así, que no salga o cadena perpetua no más. Que se acaban los femicidios y el maltrato a la mujer. Justicia por Andrea, ese sería nuestro bordado”, expresa la secundaria.

***

El silencio como virtud y las manualidades como máxima habilidad a la que podría aspirar una mujer se quebrantan. Las mujeres trasladan una vez más el arte manual de un lugar privado al espacio público.

Mujeres, fuente de vida y transformación, hoy se apropian de una tarea que se les fue entregada por una sociedad sexista, que las veía como frágiles palomas. Hoy en cambio, son estas mismas palomas las que las liberan y permiten expresar lo que por siglos tuvieron que mantener en silencio.

En este mismo sentido Érika reflexiona: “Yo creo que el mejor legado de Violeta es la locura que se transforma en cordura, la locura de no sentirse cómodo en un lugar o sitio como mujer, es la locura de enamorarse como ella quisiera, es la locura de ser una deslenguada, de poder apuntar a los culpables, a los que oprimen al pueblo, es la locura de poder hablar sin importar los costos personales; y yo creo que nosotras somos muy estudiosas del evangelio de la Violeta. Creemos que los seres humanos debemos ser libres”.

PUBLICADO EN RBP #83 SEPTIEMBRE - OCTUBRE

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