Oriundo de Maipú, durante su paso por el Departamento de Teatro de la Facultad de Artes de la Universidad de Chile (Detuch) grabó tres de los proyectos que, al egresar, ya lo hacían un rostro conocido en el mundo de la actuación. Hoy, a sus 23 años es parte del área dramática de TVN, sin dejar de lado otras producciones independientes. Andrew Bargsted habló con la RBP sobre su paso por la Casa de Bello, las teleseries chilensis, el cine y la estrecha relación entre el teatro y la política.

Por Catalina Acevedo y Paula Rivera
Fotografías por Marco Jiménez

Reconoce haber hojeado una Bello Público mientras estudiaba en el Departamento de Teatro de la Chile (Detuch). Andrew Bargsted, luego de pasar un tiempo concentrado en el escenario, incursionó en lo audiovisual de la mano de “Locas Perdidas” (2015), abriéndose paso en el cine con el estreno de la ópera prima de Álex Anwandter "Nunca vas a estar solo" (2016) y consagrándose en “Mala Junta” de Claudia Huaquimilla, galardonada en la última versión de Sanfic con el premio KinKinêma.

“Romané” (2000) y “El Circo de las Montini” (2002) son las teleseries favoritas de Andrew. Actualmente, es parte del elenco de “Wena Profe” “Ramona”, algunas de las producciones que buscan levantar la golpeada área dramática del canal estatal. Hoy el actor se plantea crítico frente a su alma mater, y con una posición clara en relación al rol político del teatro.

¿Cómo viviste el cambio de un colegio particular a una universidad pública?

Entré a la Escuela de Teatro el 2012 y el ambiente estaba muy politizado. Nos tomamos la universidad y todo. Mi colegio, en cambio, era una burbuja: privado, conservador y muy pequeño, y yo siempre fui la oveja negra, todo el rato intentaba romper con el orden establecido. La gente que manejaba el colegio eran una cosa, y los profesores eran otra, entonces igual se hacía una “mini revolución” en el aula. En el 2011 fue muy desesperante estar ahí, y para las autoridades mientras menos habláramos de eso, mejor. Nosotros los estudiantes, todo el rato poníamos el tema sobre la mesa, hasta hicimos una vez un cacerolazo afuera y esa fue nuestra máxima revolución. Quedó la cagá. Cuando entré a la Escuela el cambio se notó, ahí uno conoce a personas que vienen de distintos lugares, con distintas historias y la onda universitaria en la Escuela de teatro se vive de una forma muy distinta a otras carreras porque todos se conocen.

¿Cómo fue tu paso por el Departamento de Teatro de la Universidad de Chile, en el sentido de aprender desde la precariedad?

La precariedad es una realidad. Hasta los profes nos decían que la principal falencia en nuestra Escuela es la infraestructura, lo cual es un gran problema pero al mismo tiempo tiene un lado positivo porque te permite trabajar desde lo precario y crear un algo desde la nada. Eso no pasa en otras escuelas en que tienen de todo, pero al salir al mundo real se dan cuenta de que no saben cómo enfrentarse a no tener los implementos necesarios para trabajar, entonces de cierta forma, la precariedad es un impulso para ser autosuficiente, pero esto no puede ser excusa para evitar el gran problema de la facultad de Artes, que es finalmente la mínima inyección de recursos en comparación con otras facultades de la U. La de Artes es la más pobre porque no es productiva económicamente.

¿Cual crees que es el sello de la Escuela de teatro de la Chile?

Hubo una época de oro en la Chile, estaba Alfredo Castro, Ramón Griffero, Rodrigo Pérez, hacían clases al mismo tiempo y cada uno tenía su grupo de estudiantes predilectos… y todos se juntaban en el Olímpico, un bar que está al frente, tiene una mística que se ha traspasado a través del relato por distintas generaciones. Además, creo que el sello fundamental de la Chile son sus estudiantes y su nivel de profesionalismo intuitivo. Los alumnos son rigurosos, se toman en serio lo que hacen y le otorgan un sentido real a la carrera, más allá de los éxitos personales. Quienes entran pensando en el “american dream” suelen irse al primer año.

Más allá de los focos

Andrew es el primer actor de la familia. Su mamá es contadora, su hermana mayor ingeniera en biotecnología, ambas siempre lo apoyaron en su decisión, ya que nunca lo habían visto tan interesado en algo. Fue recién en cuarto medio cuando tuvo su primer acercamiento con las tablas en la escuela de teatro “La máquina del Arte”, ubicada en las cercanías del Parque Bustamante, por lo que, siendo secundario tuvo que dividir sus tiempos entre Maipú y Providencia.

Por lo mismo, no parece extraño que durante su tercer año en la Casa de Bello, Andrew tratara de compatibilizar la academia con las grabaciones de “Nunca vas a estar solo”. Al egresar, ya tenía ciertas nociones de cómo se mueve la industria, algo que lo ayudó a instalarse con mucha rapidez en la escena nacional.

¿Cómo fue el proceso de instalarse, siendo tan joven, en la escena del cine y el teatro nacional?

Una vez un profesor nos dijo que no teníamos que vernos a nosotros mismos como estudiantes, sino como actores. Siempre me esforcé por hacer más cosas de lo que me pedían en la U. Y aunque teatro es muy demandante y uno como que no tiene vida, igualmente me metí, por ejemplo a organizar un festival de dramaturgia y puesta en escena que se hace en la escuela, y que se llama Víctor Jara. También, todos los años participé en alguna obra, y todo esto produjo en mí la activación del bichito de ser busquilla. Siempre me gustó el cine entonces yo mismo me puse a buscar castings y a conseguir trabajos. En el fondo lo que hice fue nunca parar de trabajar.

¿Qué puedes decirnos sobre tu experiencia como actor en cine, teatro y televisión?

Me gusta mucho el cine, verlo. Y que puedas verlo de nuevo, porque queda ahí y es un objeto. Hay demasiados factores que se confluyen en solamente una cosa que es la película y que casi que la puedes tocar. Eso lo encuentro muy lindo.

En la Escuela, lo primero que hice y por todo mi periodo de estudiante fue teatro... porque nosotros nos formamos como actores de teatro, de hecho la carrera se llama “Licenciatura en Artes, mención actuación teatral”. Está super claro y ese es el enfoque real de la escuela, y no hay ningún ramo de cine, nada, ninguna relación.

Y sobre mi experiencia en teleseries chilenas, al ser los personajes muy prototípicos, uno tiene más posibilidad de teatralizar a un “alguien”. Hay una fórmula que se repite en distintos contextos, con personajes distintos, pero que al final son los mismos roles que vas cumpliendo, y la gracia está en la cosa genuina que tú le encuentras. La mayoría de las veces no te pasan el final de la teleserie al principio porque el guión se va escribiendo a medida que la gente la ve, y esto puede ser una dificultad, pero también tu personaje no sabe el final cuando está actuando una escena, entonces da lo mismo. Al final cada cosa tiene sus distintas características que no son comparables.

Ahora que trabajas en TVN, ¿Sientes la necesidad de aportar, por medio del área dramática, a levantar el canal?

En cada proyecto siempre lo doy todo. Me pongo la camiseta, quiero que a la teleserie le vaya super bien, sin embargo, pienso en que es necesaria una TV pública que no tenga que estar preocupada de los sponsors o de competir en un mercado, que genere contenido de creadores chilenos, ¿cachai? producto nacional.  Finalmente eso es lo que se necesita, algo que no responda simplemente a lógicas de mercado, que la ficción que hagamos no tenga que depender de que “por favor mucha gente la vea” para ganar más auspiciadores. En el fondo, que cambien los objetivos de esa TV. Yo creo que TVN es el lugar para que eso ocurra.

¿Es una presión para los actores el rating en televisión?

Yo creo que depende del actor, hay algunos que no están ni ahí y otros que están muy pendientes y que obviamente se transforma en una presión, pero en mi caso, no lo es. Yo me preocupo de hacer mi trabajo lo mejor posible y eso tendrá los efectos que tenga que tener.

De lo artístico y lo político 

¿Crees que el gremio de los actores y las actrices está politizado?

Creo que hay sectores politizados pero no creo que a modo general todos lo sean. Ser actor requiere estar siempre relacionado con la política, porque el arte es muy político. En mi caso es tomar la voz de un personaje, emitir y generar una construcción, un cuerpo y todo eso produce opiniones, es un lugar de enunciación, por lo tanto el teatro en sí siempre es político. Es muy necesario que los actores estén siempre conscientes de lo que está pasando, que lean, porque finalmente uno trabaja con la contingencia y con la sociedad, entonces estamos en un constante análisis de eso.

¿Es importante para ti politizar tu trabajo?

Para mi el teatro es interesante cuando está apelando a su contexto y quiere interceder. Porque por algo se hace, y es como un encuentro, entonces nosotros vamos a un lugar a reunirnos para que “pase algo” que en el fondo tenga una importancia y una relación con el ahora, y a eso me refiero con que tiene que ser político, con hablar de lo que está pasando.

La democratización del séptimo arte

Andrew habla con entusiasmo de lo que significó para él el estreno de Machuca (2004), relatando su primer encuentro en imágenes con la dictadura cuando aún era un niño, y al mismo tiempo apunta a Rara (2016) como su film chileno favorito del último tiempo. Admira el trabajo de Néstor Cantillana y Catalina Saavedra, con quien grabó hace unos meses una película en Argentina.

¿Crees que el recambio en la generación de actores, se relaciona con una nueva forma de hacer cine, más independiente y con realizadores jóvenes?

Primero se abrieron escuelas de cine, porque en Chile no habían y la gente que se dedicaba a esto era la que podía irse al extranjero a estudiar para después volver, además de que debían tener los medios para conseguir equipos. La creación de estas escuelas en universidades conlleva una cierta democratización del cine, permitiendo que personas de distintas generaciones, grupos sociales y clase sociales hagan cine, escriban guiones y cuentan historias...historias que antes no se contaban. 
Eso produjo que aparecieran muchos personajes jóvenes y se empezó a mirar hacia nosotros, que crecimos en una era super audiovisual a diferencia de los actores más viejos y eso permite generar un diálogo mucho más fluido y horizontal. Creo que genera un cine super interesante y muy discutido.

¿Este nuevo cine nace de la necesidad de mostrar ciertas temáticas sociales o igual obedece a ciertas lógicas del mercado?

Este proceso de "democratización del cine" obviamente es una ilusión, ni siquiera la universidad está totalmente democratizada pero este proceso que comenzó y que ahora está en alza, responde a la necesidad de las nuevas generaciones de hablar de lo que pasa, de opinar, porque no crecimos en el miedo. Se están poniendo en duda muchas cosas que antes ni se cuestionaban y el cine se está haciendo cargo de eso.

***

Andrew Bargsted es, sin duda una promesa para el teatro chileno. Licenciado de la Chile, se hace cargo de las falencias y virtudes que le dejó su paso por la Casa de Bello. Al ser consultado por sus planes a futuro comenta con risas: “La vida del actor es muy incierta. Soy super consciente de eso y lo he sabido desde siempre”.

Sobre una posible internacionalización de su carrera es tajante: “no voy a aprender inglés para irme a Hollywood. No creo en eso. Obviamente me encantaría hacer una película en Latinoamérica o en otro país, sin embargo, son proyectos que te salen una vez y no sé si es realista pensar que soy actor en un proceso de internacionalización”

Mientras tanto, Andrew se limita a vivir el presente, disfrutando de su juventud, sin expectativas ni metas claras para el futuro, observando las oportunidades que llegan y evaluándolas para agarrar una que otra. Lo que sí le gustaría, y que confesó en exclusiva para RBP, es que lo contrataran como locutor en alguna radio nacional.

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