Conocida activista de las temáticas de género, la historiadora e integrante de la editorial independiente “Gata Kuir” conversó largamente y en confianza con la Bello Público sobre lo que implica denominarse travesti en nuestra sociedad, cómo el discurso de lo trans se ha institucionalizado y por qué para ella se debe reivindicar la prostitución desde los feminismos.

Por Christopher Jerez Pinto
Foto por Marco Jimenez

Sofía Devenir reside en el sector sur de Santiago Centro, muy cerca de la calle 10 de Julio, barrio que declara conocer bien. La casa donde habita tiene varias habitaciones, viven más de cinco personas y transita mucha “población flotante”, forma en que la travesti llama cariñosamente a las compañeras a las que tiende una mano dándoles techo.   

Situados en el living de su hogar y escuchando canciones que iban desde Rick Astley a Isabel Pantoja, comenzamos con la primera temática a conversar: su infancia. El tema era problemático, no por sensibilidades, sino, por motivos políticos. Sofía prefiere no hablar de su niñez por el tratamiento que los medios han dado a las personas travestis quitándoles su potencial de “habla política”. “Ser considerado menor en esta sociedad es lo peor que nos puede pasar”, reflexiona.

- A mí me molesta mucho lo que hacen los medios de comunicación con nuestros cuerpos. Creo que de algún modo nos quieren llevar todo el rato a ese lugar: la infancia, al momento del trauma. Ese lugar tan médico me molesta un montón. Es muy estatal esa política. Es para dejar feliz a la dueña de casa y al mundo sobre algo: “los niños trans”. Como diciendo estos monstruos van a dejar de existir porque los niños trans van a superar a las travestis y van a ser hormonados desde cabros chicos y chao. Desconfío de los niveles a los que va a llegar ese discurso.

En ese sentido, Devenir rechaza la normalización médica de los niños transgénero. “Porque eso nace desde la necesidad de los padres de que sus hijos no se queden atrás en la tecnología médica para poder ser insertados en la sociedad. Yo misma vivo de mis propias imágenes, en relación con que siempre tienes que irte reconstruyendo, de lo contrario te haces mucho daño con una identidad demasiado fija”, plantea.

- Ahora, una ley de identidad de género hasta qué punto no normaliza ese cuerpo. Tengo compañeras que tienen sus siete u ocho nombres. Es un ente normalizador, es el control estatal sobre el cuerpo.

Si bien la historiadora considera valorable la apertura que se ha generado frente al tema, sostiene que la discusión se ha hecho de forma “patriarcal”. Para Sofía es cuestionable que en los matinales se hable largamente de “niñez trans”, pero en las noticias centrales se muestre a la figura de la travesti como criminal, “por ser putas o estar hueviando en la calle”.

- Tenís la niñez trans como ese espacio prístino de discusión, pero a la vez tenís la problemática de las travas viejas súper invisibilizadas porque no son votantes. No son importantes.

 

 

Desencuentros entre feminismos y activismos

Hace unas semanas fue ampliamente difundida una publicación proveniente de la cuenta de Facebook de las Feministas Radicales de la Chile. El post -hoy eliminado de la red social- sostenía que: “Las ‘mujeres’ trans son hombres”, que “la ideología trans es misógina y homofóbica” y que “ser mujer es una realidad biológica”, entre otras ideas.

El tema generó bastante debate dentro y fuera de la universidad, a pesar de que éstos son planteamientos conocidos dentro de la corriente radical. Los comentarios se dividieron entre quienes apoyaron el mensaje desde un sustento teórico y quienes las acusaron de trasfóbicas y/o conservadoras.

¿Cuál es tu opinión sobre este viralizado mensaje?

- Son dramas de la Universidad de Chile y me aburren sus discusiones academicistas. Que la biología, que las discusiones en México… Es pura paja. Con ese enunciado principal y con lo que ellas piensan de fondo, me parece de un biologicismo atroz. Ahora también hay que aceptar que no todas somos educadas bajo los mismos niveles de privilegio. En realidad, hay problemas de clase, raza y género que no se pueden obviar. Ellas se autodenominan radicales y yo pienso que, si ellas son las radicales, entonces yo soy la más conservadora y feliz de serlo. Creo que no podemos seguir alimentando esos discursos.

Hablando de feminismos y luchas, ¿qué opinas del activismo de la actriz trans Daniela Vega?

- No he podido ver la película, eso sí, por el tráiler, he visto que es súper higiénica y ella como personaje también. Cuando ha estado en la tele reproduce este imaginario de "la chica trans", regia, blanca, clasemedista… No creo que rompa ningún estereotipo. No es mi enemiga, no me iría en esa volá. Yo no creo en los enemigos, porque en el fondo para mucha gente seguimos siendo los mismos ‘maricones culiaos’. Cuando llegue el momento de que nos quemen en la hoguera, nos van a quemar a todas. Por ejemplo, creo que Rolando Jiménez no es mi mayor enemigo, pero hay que hacer el show respectivo porque su política está siendo muy agresiva y misógina. Hay un montón de cosas más importantes que su política: las vidas de las travestis y de las transgéneras en situación de calle u otros espacios organizativos.

Sobre la visibilización y mediatización de las temáticas de género, Devenir es crítica de cómo los medios han ido “limpiando” la discusión. “La política instalada en la tele es la política ‘trans’, ya no se habla de ‘travesti’. En la tele nadie va a mostrar a las compañeras en situación de calle, a la que se están muriendo todos los días o a las viejas más politizadas”, comenta.

¿Y a ti te mostrarían en la tele?

- No, y me cuestionaría un montón si ir o no. Es un mundo terrible: te cortan, te maltratan, te editan.

  

 

Lo trans y lo travesti desde lo histórico

Sofía dice ser “una trans media rara y anormal”, porque le gustan y mantiene una relación con una (bio) mujer. Su nombre es Millaray Hermosilla y es la persona que la acompaña en sus diversas aventuras y desventuras. Actualmente realizan un proyecto juntas donde problematizan el tema del “cuerpo equivocado” desde una perspectiva histórica crítica.

- La idea es no centrarse en el tema de lo trans. Siento que es un discurso demasiado institucional. Ya se están haciendo antologías trans, ya hay fondos trans y posiblemente habrá algo cercano a un Sernam trans. Se viene un organismo público que nos regule. La transpolicía se viene.

De esta manera, agrega que “la instalación del discurso del ‘cuerpo equivocado’ se ha ido posicionado desde el discurso médico (…) A todos nos meten en la cabeza que estamos en un cuerpo equivocado, ¿hasta qué punto una persona gorda o un negro no se sienten así?”, problematiza.  

Por otra parte, la artista callejera sostiene que “lo drag y lo trans, son dos situaciones de higienización y desmemoria”, agregando que la historia de lo travesti “es súper compleja” y que en algún momento histórico “se le vio como un encapuchado por ocultar su verdadera identidad”

Con relación a lo mismo, detiene la conversación y busca entre sus cosas un texto titulado "Memorias de una Dinosauria Travesti Sudaka", escrito por ella misma. La travesti lee un extracto del documento donde habla del “separatismo como una trampa” y se cuestiona las divisiones y categorizaciones de la diversidad sexual.  

“¿Podría en el contexto chileno del año 73 construirse diferencias tajantes entre loka y travesti?, ¿Se podrían definir límites identitarios en una cultura marika previa a los ‘cambios de sexo’ que se declaraban como la solución para tanta yegua suelta y el ‘tercer sexo’?”, se pregunta en un ensayo de la librilla “Des-ubicá”, publicada en su editorial independiente “Gata Kuir”  

 

La Usach, “el paraíso de los machos de izquierda”

Sofía entró a estudiar Historia a la Universidad de Santiago (Usach) en 2009, pero aún no se ha titulado. Su tesis sigue inconclusa porque la vida lo ha querido así. Su formación profesional sin duda no fue un camino sencillo. En variadas ocasiones la activista debió enfrentar el machismo y la discriminación de la academia. Aun así, recuerda con dicha las “cochinadas” que hizo en ese lugar.

Declaraste hace un par de años que la Usach es el paraíso de los machos de izquierda, ¿por qué?

-La Usach es un espacio lleno de hueones (hombres). Casi sólo hay mujeres en enfermería y en humanidades. Tenís hueones que te acosan en todos los lados. La Usach es reventada porque hay muchos zorrones. Es un paraíso de los machos de izquierda. Tenís a un montón de hueones ahí hablando en la asamblea.

¿Y cómo fue tu formación ahí, en general?

-Terrible. Es una universidad llena de agresores y abusadores. Esos hueones están cagados de la cabeza. Llevo años denunciando esto. Es necesario que los profesores Luis Ortega y Augusto Samaniego respondan por su machismo y acoso a mis compañeras. Yo tenía un profesor (Hernán Venegas) que, en una clase de Teoría de la Historia, cuando expuse sobre posfeminismo, Judith Butler, teoría queer, etc. Al terminar, viene y le comenta a un compañero: "el próximo año voy a sacar la sección de género, porque nos estamos desviando mucho del tema central".

“La historia social en la Usach es muy agresiva. Es gente que invisibiliza un montón las problemáticas de género y sexualidad, o incluso si lo abordan, lo hacen de una forma súper precaria”, agrega.

 

La micro como espacio de disputa

Sofía toca guitarra y canta. Así ha llevado su arte a marchas, fiestas under y también al transporte público cada vez que lo quiere o lo necesita. “La micro es un espacio liberado. Ha sido un espacio histórico al que los vagos, las travas y los evangélicos han recurrido. Más de alguna loca se pegó antes que yo el show en la micro”, cuenta.

- Siento que mi discurso político en la micro es súper agresivo, podría ser más violenta eso sí, pero tú sabes que ahí estás haciendo un trabajo pedagógico. Es igual que hacer clases, enseñas cosas con tu sola presencia en un enfrentamiento directo con el otro.

Hace unas semanas Sofía, como lo hace habitualmente, salió con su guitarra e hizo parar una micro del recorrido 210. Su objetivo era cantar y ganarse algunas monedas. En medio de sus palabras, donde “tiraba el rollo” a los pasajeros, un hombre evangélico junto a su familia comenzó a interrumpir a la artista faltándole el respeto por su travestismo. “Mírenle las piernas, si es hombre”, decía el sujeto que terminó siendo bajado de la micro por el resto de las personas.

Devenir cuenta que anunciarse como travesti hace un poco más complicadas las cosas, pero agrega que esta manifestación tiene mucha importancia para ella. “En la micro haces un ejercicio de contra información, porque das una visión crítica a lo que sale en la tele”, explica la escritora.  

 

“Prostitución no es trata”

Devenir se reivindica “puta” y ejerce como trabajadora sexual. La artista cree que no es posible que las personas se opongan a que los cuerpos se prostituyan en una sociedad tan capitalista como la nuestra. “Eso no significa no cuestionar que hay todo un sistema que lleva a las travas chicas a la prostitución en momentos en que no han llegado al empoderamiento de su cuerpo como para hacerlo”, reflexiona.

-Los maricones no podemos olvidar que tenemos nuestro lado carnavalesco. Nos gusta el hueveo, nos gustan las drogas, nos llama la noche, somos maracas. Y eso no quiere decir que apoyemos el patriarcado. Ser puta implica que le cobrai al patriarcado, hacer de tu desventaja un privilegio.

“No podís dejar de reivindicar a la puta, pero también hay que empoderarla. Prostitución no es trata, eso es importante. Igual es parte de la forma de vida que llevamos. Ahora mismo un cliente amigo me pagó 100 lucas y con eso me puedo ir al norte a presentar un proyecto. Somos las locas que ya no podemos ingresar en el otro sistema. Qué violento meterse a un retail, por ejemplo”, agrega la cantora de micros.

Respecto a las visiones de la prostitución como una forma de cosificación y explotación de los cuerpos, Sofía cree que esta mirada es demasiado ortodoxa y que esos planteamientos muchas veces han llevado al “enajenamiento”. “Ojalá las feministas radicales y abolicionistas de la prostitución se preocuparan más por abolir la policía y el régimen penitenciario que a fomentarlo”, reprocha la activista.

- La mujer como trabajadora sexual es una realidad que no puedes negar. Una es autónoma con su cuerpo. No me gusta el discurso victimista, porque las más violentadas son las que son obligadas, y eso para mí ya no es prostitución, no es trabajo sexual. La prostitución es una reivindicación simbólica: es sacarles plata a los hombres. Es hacer de tu acoso un plus.

 

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