Director y productor de televisión, dirigió durante cerca de una década la llamada “Época de Oro” de Televisión Nacional de Chile. Con más de treinta años de carrera, fue uno de los personajes fundamentales en el reencuentro de la televisión chilena con el pueblo cuando volvió la democracia. Hoy, luego de 33 teleseries y con el hermetismo propio de quienes militaron en el MAPU, Vicente Sabatini habló con la RBP sobre teleseries, política y las denuncias de abuso a Herval Abreu.

Por Vicente Oltra y Paula Rivera Carreño
Fotografías: Marco Jiménez

A Vicente Sabatini no lo tuteamos a pesar de lo amable que se escucha por telefono cuando le contamos que queremos entrevistarlo. Sabemos la importancia de su rol en la televisión chilena: además de descentralizar las producciones audiovisuales, volvió a comprometer a la pantalla chica con un rol político y pedagógico para una audiencia masiva y no desde cualquier espacio, sino que desde el “Canal de Chile”. Sobre esto, el fenómeno de Perdona Nuestros Pecados y Herval Abreu, Sabatini opina y por qué no decirlo, hasta nos aconseja.

Sabatini estudió Dirección Artística en la Escuela de Artes de la Comunicación en la Pontificia Universidad Católica, institución donde se formó profesionalmente y políticamente, militando en el MAPU. Es un reconocido laguista y junto a Claudia Di Girolamo -su pareja desde 1996- participó en primera campaña de Michelle Bachelet.

Luego del golpe militar de 1973, era de los pocos directores de televisión que había en Chile y en sus inicios tuvo que trabajar soportando la censura de los militares en el canal público. Sin embargo, en 1983 dirigió “La Torre 10”, la teleserie más exitosa de la televisión chilena con 49 puntos de rating, la cual estaba ambientada en las emblemáticas Torres de San Borja, un proyecto clave de la Unidad Popular y un guiño no menor para su contexto.

¿Cómo fue para usted la creación y difusión de contenidos durante la dictadura?

Fue duro, pero hay algo que nosotros sacamos de bueno, las reglas del juego estaban claras, uno sabía los límites. Entonces eran actos de restricción muy grande pero finalmente muy claros y en esos espacios había que sobrevivir. No se podía decir la palabra trabajo, porque hablar de trabajo podía suponer que estabas hablando de cesantía y en esa época habían millones de cesantes en este país. Había programas de empleo como el POG, cosas de empleos en que la gente salía a barrera las calles porque los niveles de cesantía eran terribles.

¿Cómo fue su paso por la universidad y su militancia en el MAPU?

Una experiencia de vida, de las cosas más importantes que he hecho. Nuestra generación vive el duelo de haber entendido que esa utopía era una utopía, era imposible. Sentí que podía cambiar el mundo y lo bonito de la experiencia es que estaba ocurriendo eso en Chile. Somos un país privilegiado en muchas cosas, pudimos crear ese sueño que era cambiar el mundo y construir una sociedad más justa y en eso estábamos, yo tenía 20 años y estaba en la universidad cuando cayó el gobierno de Allende.

En el relación al proceso creativo en la “Era de Oro” de TVN ¿Qué nos puede contar sobre la decisión de descentralizar las producciones?

Lo que nosotros hicimos a partir de la vuelta la democracia, es que descubrimos que había un espacio para filmar Chile, para recorrerlo, cosa que estuvo cancelada durante los 17 años de dictadura, por lo tanto, era salir a Chile a hablar de Chile, una cosa tan sencilla y tan intensamente necesaria en esa época. Eso no solo se abrió la posibilidad de tratar el tema, sino que, de entrar al alma de Chile, que estaba prohibida, cancelada, constreñida. Es decir, sometida a las reglas de una dictadura: no había libertad de expresión, ni libertad de pensamiento, entonces se trató básicamente de eso y de instalar historias de valor universal en nuestro paisaje, no solamente geográfico, sino que cultural y emocional, sueños de chilenos, la llegada de lo moderno a lugares tan ligados a sus tradiciones como Chiloé. La televisión era el lugar donde la gente se juntaba a aprender, de su propio país, de sus vecinos y de sí mismos.

Sobre eso mismo, ¿cómo fue la preparación de los actores y actrices?

La preparación tiene que ver con investigar y ser fieles en el retrato porque históricamente, en el género de la ficción, los personajes populares siempre eran los más secundarios, y tratados muy por encima, y nosotros dimos espacio para que estos personajes salieran un poco al primer plano y fueran protagonistas, como el Chamorro de La Fiera, que era un hombre que tenía su origen en La Vega, fue haciendo fortuna y se convirtió en el Rey del Salmón en el sur. Para tomar el acento nosotros grabamos conversaciones de los chilotes y después les entregamos ese material a los actores. Para ellos significaba un desafío muy atractivo porque era hacer un trabajo un poco más allá, era meterse en el alma de los lugares que estaban retratando. Este país tiene muy buenos actores de teatro, con muy buena formación y entre los actores de teatro era donde yo buscaba.

En relación a eso, usted fue pionero al tocar temas que eran tabú, como por ejemplo el tema del VIH con el personaje de Néstor Cantillana en El Circo de las Montini, entonces ¿Cree que por medio de este tipo de acciones se transmite el rol político de sus teleseries?

Sí, y eso responde a la búsqueda de recorrer el alma de Chile y entrar en todas las capas que sea posible y además que sea una historia que pueda ver mucha gente, audiencias transversales desde el punto de la edad, del conocimiento, capacidades intelectuales, etc. la idea es que crear historias que tengan distintas capas de lecturas para distintos grupos de públicos y eso tiene que ver con los temas. Obviamente el SIDA no estaba dirigido exclusivamente a la población de riesgo, todo lo contrario, era una voz de alerta para toda la población en general.

Impacto y trascendencia

Las creaciones de Sabatini han sido un puente de encuentro para el pueblo y la televisión, dejando historias, personajes y lugares en la cultura pop y sobre todo, memoria colectiva. La Fiera (1997), Inés Clark en Pampa ilusión (2001), el matriarcado en El Circo de las Montini (2002) y la historia de Jovanka y Rafael Domínguez que rompe con el mito del primer amor en Romané (2000) son algunos de los ejemplos de cómo Sabatini desarrolló una narrativa en torno a los roles protagónicos femeninos.

Todas sus teleseries intentaron contar historias de amor y lucha de clases, pero siempre tratando temáticas acordes al contexto de producción. La cuenta de Facebook Jovanka Gitana Loca con más de 170 mil Me Gusta es un constante recordatorio de cómo la gente se identifica y recuerda a los personajes de Sabatini.

¿Cree se puede hacer un aporte a la sociedad por medio de las teleseries?

Uno puede mejorar la calidad de vida en la gente entregando entretención relevante, estoy convencido de eso. La teleserie es un espacio para poder hacer un aporte a la vida en cualquier sociedad, porque es un género muy querido por la gente y con el cual se conecta emocionalmente de maneras muy profundas, entonces es posible poner temas y al mismo tiempo, hablar de las cosas que son el cotidiano de la gente.

¿Cuál de todas sus 33 producciones ha sido su favorita o se la ha tomado como un desafío?

Es una pregunta difícil de contestar, la verdad es que todas tienen un valor muy grande. Yo diría que la que enfrenté como un mayor desafío más bien intelectual, fue Pampa Ilusión, porque tratamos de explicar por qué entraron a Chile las ideas anarquistas y cómo se generaron los embriones de los partidos marxistas de la lucha en las salitreras y en los puertos.

En otra entrevista usted hizo una analogía de las teleseries de época como un espejo de la sociedad, ¿esto tiene que ver con una sociedad que no se quiere reconocer?

En general el teatro universal a usado la comedia para acercarse a temas duros y presentarlos de una manera amable para no ocasionar resistencia. Se hace una gran crítica social a través de la comedia, ese es un vehículo. Otro gran vehículo es situar las historias en otro vecindario, en una manera eufemística de habla, tú cuentas la historia de tu barrio y a ti no te va a gustar que te pongan un espejo, pero si la historia le ocurre al vecino, entonces si, pero no vas a aceptar verte reflejado con una mirada crítica. Sin embargo, si ocurre en otra época "eso ocurría antes”. Todo eso opera a nivel de inconsciente, no es que la gente haga un análisis racional, pero le pone distancia y por eso usamos la época. Nosotros en una teleserie de época podemos tratar temas que si los tratas contemporáneamente son de un nivel de dureza e interpelación que genera mecanismos de defensa.

¿Qué temas considera que falta tocar en las teleseries actuales?

Todos los temas. Nosotros venimos hablando de tolerancia y del combate de la xenofobia desde las teleseries de época. Hoy día es el momento de que eso esté en la pantalla. Siento que las teleseries han perdido un poco de contacto, si uno mira las audiencias a las 20 horas está caída. Se abusó o se ha abusado de un modelo de teleseries con mucho niño, muy “Disney”. Se abandonó en ese horario al público más importante de las teleseries que son las mujeres, porque se abandonó el melodrama que hay en las historias, lo que realmente emociona e importa a las mamás. Estas teleseries se han cargado un poco más al público adolescente.

¿Cómo ve el fenómeno de nuevas teleseries como Perdona Nuestros Pecados con todo el impacto que ha generado?, ¿A dónde cree que van las teleseries en Chile?

Perdona Nuestros Pecados es una muy buena historia, con muy buenos personajes secundarios y por lo tanto, hace un tejido muy atractivo de ver.

- Yo creo que se han dado tumbos, no tengo una opinión muy definitiva sobre esto, porque son búsquedas, nadie se sentó un día en una oficina en TVN y dijo: estas son las teleseries que hay que hacer. Hoy día no hay plata para producir como había antes, el mercado no paga, el país a cambiado, la gente hoy día es más difícil de sorprender. Hay acceso a muchas fuentes, la televisión era una experiencia única que a la vez tenía de todo: emoción, información, educación. La gente sentía que se educaba viendo televisión. Yo creo que no hay que perder el eje central: el melodrama es la esencia del género, hay que aferrarse a eso para hablar de las cosas que nadie quiere.

Al momento elegir qué historias contar ¿Cómo saber qué es lo que quiere ver el público? Al parecer usted siempre le acertaba.

No siempre, pero durante un tiempo largo si. Es una cuestión súper personal, fue un descubrimiento muy revelador para mi darme cuenta que las cosas que a mí resuenan como autor eran importantes para la gente, fue un descubrimiento trascendental en mi vida profesional. Y eso es, no hay una fórmula, digamos, yo siempre digo uno tiene que seguir a su propio estómago, aquello que te resuena como autor. Escucharse a uno mismo y seguir con fidelidad, uno tiene un instinto. No tengo una explicación, hay algo de magia en eso.

#MeToo a la chilena

Respecto a las denuncias de acoso y abuso al también director de teleseries Herval Abreu -publicadas por Revista Sábado y que reúne los testimonios de siete mujeres ¿Había escuchado rumores sobre el tema?

Tan solo una semana antes de que saliera publicado. Yo no trabajé nunca con Herval, ni en el mismo canal siquiera.

¿Qué cree usted que va a pasar con el destape de todos estos casos?

Ni idea. Ahora vamos a ver si hay gente dispuesta a poner una denuncia formalmente y a ofrecer sus testimonios, porque la justicia está abriendo un caso de oficio, entonces se supone que ahí tienen que llegar los denunciantes y ahí lo tomará la justicia.

¿Estas prácticas son comunes en la industria o el de Abreu es un caso aislado?

El abuso de poder no es un caso aislado, pero es el único que conozco que ha hecho eso. Nunca supe, en treinta y tantos años que llevo trabajando en esto, que alguien invitara a actrices o actores a su casa para hacer talleres.

- En el mundo del teatro, Fernando González el director del club de teatro, que era muy famoso porque invitaba a sus alumnos a su casa. Los invitaba a grupos, grupos de alumnos que compartían un famoso rito de tomar una receta especial que tenía para preparar el pisco sour, lo único parecido de lo cual yo tuve conocimiento en todos estos años.

***

Vicente Sabatini es sin duda uno de los nombres que quedarán en la historia de la televisión chilena. A pesar de mostrarse adusto de carácter, recuerda el cariño de la gente durante sus años en TVN, al mismo tiempo que asegura no saber para dónde va encaminado el canal público.

No le teme a Netflix porque dice la experiencia de la televisión es única. Actualmente prepara el proyecto de la serie “Inés del alma mía”, una adaptación del libro homónimo de  Isabel Allende mientra agrega que “La Inés es un personaje muy de estos tiempos, jugó un rol y tiene que ver con estos tiempos de la mujer empoderada, y ella fue líder en muchos sentidos”.

 

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Bello Público

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