Es casi un mito el hecho de que, tanto el Liceo Manuel de Salas como el ISUCH,  forman parte de la Universidad de Chile. Dos colegios que operan bajo una lógica educacional privada pero que, a su vez, son considerados unidades académicas de la universidad pública del país, igual que sus facultades e institutos. Hoy revelaremos detalles de la relación entre la casa de Bello y sus ahijados, las diferencias y similitudes entre ambos colegios, sus falencias, desafíos y posibles aportes que podrían traer para la comunidad UCH.

La Casa de Bello promueve en sus aulas la confluencia de diversas realidades provenientes de todos los rincones del país. Sin embargo, las y los beneficiarios del programa de hogares universitarios, experimentan de manera diaria que asegurarles una vivienda no es directamente un sinónimo de bienestar. Por eso se organizan y luchan para evitar que la promesa de apertura y desarrollo académico se diluya en los vaivenes de una burocracia institucional.

Cuando se destaparon los casos emblemáticos de acoso y abuso sexual en 2015 por parte de profesores de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile, las víctimas no tenían ningún resguardo. Luego de dos años de intensas movilizaciones al interior de la facultad, la organización de una asamblea sólo de estudiantes mujeres ocupó la Casa Central y, luego de una toma del edificio de su facultad, lograron lo que históricamente estaban exigiendo las y los estudiantes de ese espacio.

La primera faena del proyecto Bicentenario del Campus Juan Gómez Millas de la Universidad de Chile se instaló en 2011 y desde entonces no han cesado las construcciones debido a tardanzas de hasta seis años en la entrega de las nuevas instalaciones. Del plan maestro original nunca más se supo y cada facultad ha hecho lo que ha querido. Se han perdido espacios verdes y las obras han dejado al campus desprovisto de condiciones de seguridad. Y si este año ingresa una persona con discapacidad a estudiar al campus, no podrá transitar ni llegar a sus salas de clase.

Actualmente, educar en materia de sexualidad y afectividad está en manos de privados y de la ideología de cada colegio. Efectos que van desde la culpa hasta embarazos adolescentes son parte de la ausencia de una política que asegure la implementación de programas que velen por los derechos sexuales y reproductivos de las personas.

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