Dicen que hay una edad en la que debemos renunciar a nuestras pasiones de la infancia. Dejar aquellas cosas que nos hacían vibrar y renegar de ellas mientras nos insertarnos en el mundo “real”. Sin embargo, hay personas que no eligen este camino, y prefieren disfrazarse de cosas más interesantes que de adultos monótonos. Caín es una de ellas y esta es su historia.

Por Javier Æøå y Michelle Martínez

Foto por Catalina Mundaca

En Metro Quilín hay un pequeño parque enrejado. Caín nunca había entrado a pesar del tiempo que lleva viviendo en el sector, pero consideró buena idea conversar en esos pastos. Lo seguimos de cerca y a simple vista es como cualquier transeúnte: Alto, pelo oscuro hasta los hombros. Sin embargo, algo llama la atención. Una polera de Loki, hermano del dios Thor, resalta como un indicio de la faceta que lo ha acompañado hace casi una década y a la que no planea renunciar: el cosplay. Disfrazarse y actuar como un personaje ficticio.

En los eventos a los que asiste, redes sociales, la junta de vecinos y en los grupos de apoderados de WhatsApp, él figura como Caín Aeonsword. “Soy la persona más ubicable de la vida porque siempre he tenido el mismo alias y lo uso en todos lados”. A sus 39 años, es cosplayer, trabajador independiente y padre de tres hijas.

Actualmente, sólo puede asistir a 5 o 6 eventos al año, pero agradece poder trabajar desde casa y estar con su familia. Incluso una de sus hijas lo acompaña a los eventos. “Ella es mi partner y lo pasa super bien. Me apaña como Lady Loki, incluso me pidió que le hiciera un traje de Wonder Woman” señala orgulloso, mientras critica la inserción de menores en el cosplay: “creo que los niños deben tener consciencia antes de entrar en esto. Algunos eventos pueden durar varias horas, es un estrés para ellos y para los papás”.

 

El cosplay como catarsis

Su pasión data del 2009, cuando con 30 años decidió encarnar a Ichigo Kurosaki del anime Bleach en una Anime Expo. Caín recuerda con detalle esta primera experiencia: estaba en el baño de la Estación Mapocho, frustrado porque por reglamento interno le quitaron su espada falsa. “Cuando estaba listo me miré en el espejo y pensé: ¿qué cresta hago acá? Consideré devolverme, pero al final decidí darle no más. Cualquier cosa podía irme, nadie me conocía, no pasaba nada”. Con esa actitud, salió del baño y de inmediato le pidieron una foto. Caín improvisó una pose y recibió un elogio por la calidad del cosplay.

Cierra los ojos, sonríe y se pone una mano en el pecho: “Fue como una catarsis. Pensé: Qué rico que a alguien le haya gustado mi trabajo”. Ichigo lo acompañó hasta que su esposa le dio la idea de personificar a Loki. Al principio dudó, pero terminó confeccionando el traje verde oscuro junto a esos característicos cachos dorados. El resultado fue un éxito y actualmente Loki es la carta segura de Caín en los eventos a los que va como invitado o jurado.

***

Loki es un personaje disociado de Caín. Él lo encarna para pasarlo bien y como hobby; enfatiza ese “querer pasarlo bien” y critica a los cosplayers que viven como si fueran el personaje. Él no. Él es Caín, se disfraza de Loki y ama hacerlo. Ama salir a la calle y que la gente se sorprenda al ver a un dios nórdico en la L4 del metro. Disfruta ver pasajeros sacar tímidamente sus celulares para tomar una foto, él responde con una pose y pura buena onda.

Sonriendo, cuenta que amigos le reprochan un complejo de Peter Pan. Pero pese a todo, cada Halloween le piden el disfraz de Loki. “¿Has ido a alguna fiesta de disfraces? ¿Te gustó? Y si no te dio vergüenza ahí con tu familia, ¿por qué no lo haces más a menudo?” reflexiona y señala que muchas personas le han confesado que quieren hacer cosplay, pero les da vergüenza. Le molesta esa adultocracia donde hacer cosas “de niño” está mal mirado. Él también empezó así, fue IT (tecnólogo informático) durante varios años y fue empleado ejemplar, pero no le gustó la monotonía, la oficina y la vida adulta. Renunció, y si bien no tiene los ingresos de esos tiempos, él se reconoce más feliz que nunca.

 

Mantener vivo al niño interior

Caín se define como un “ñoño de nacimiento”. Creció con las limitaciones tecnológicas de los 90 cuando los eventos que organizó Salfate en el Cine Arte Alameda fueron la única forma de ver Dragon Ball Z. Hoy se sorprende ante las posibilidades que da internet para acceder al contenido, y que él también usa para compartir su trabajo. Considera que se deberían aprovechar y disfrutar, porque no sabemos cuándo este “apogeo de lo nerd” pueda acabarse.

Sin embargo, cree que las nuevas generaciones no deben confundir la pasión con los berrinches. Para Caín, ejercer como cosplayer no implica dejar de respetar a quienes no lo aprueban: “Hay que verlo como una lucha de seguir haciendo lo que te gusta, pero no intentar que todos lo entiendan. Si haces eso, pierdes tiempo porque te estás pasando al otro lado, y ese tiempo lo podrías invertir en tu pasión” concluye. Esa es la filosofía que lo ha acompañado toda su vida y le ha permitido mantener vivo a su niño interior.

Si quieres que Caín te ayude con tu traje cosplayer, quieres conocer su trabajo o quieres contactarlo, puedes visitar su página de facebook haciendo click acá.

 

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