Artista visual, feminista, mapuche y homosexual, así se presenta y reivindica Sebastián Calfuqueo. Mürke ko, Gato por liebre y You will never be a weye son algunas de las obras del joven talento que hace un tiempo afirmó que la Universidad de Chile es un espacio “patriarcal” y “colonialista”.

Por Valentina Camilla Araya y Catalina Mundaca Gallis
Fotos por Catalina Mundaca Gallis

En un segundo piso escondido entre las casas antiguas del Barrio Franklin, entre plantas y luces de colores, Sebastián asegura que muchas de las cosas en su arte y en la forma en que lo transmite son “incertezas de lo más certeras”.

Nacido y criado en la capital, pero con una infancia marcada por los recuerdos de niñez en la comunidad mapuche de Nueva Imperial, Calfuqueo recuerda la mezcla y contrastes que vio desde siempre y la forma en la que esto lo marcó para comenzar a reflexionar en torno al territorio.

Las experiencias familiares y escolares siembran en él la duda con respecto a quién debe ser y qué lugar debe habitar según las expectativas del resto. Compartir con sus abuelos paternos en el sur y después encerrarse a ver animé, le hacen comprender que ninguno de estos estereotipos es indestructible.

Sebastián enfrentó durante su adolescencia la discriminación por ser homosexual y mapuche. Con el tiempo y un constante proceso de “armado y desarmado” estas resultaron ser algunas de las aristas desde donde nace y se construye la intención comunicativa de su trabajo.

A pesar de las incertezas, todas las palabras emitidas tenían su voz firme de respaldo. Tras los lentes grandes, piercings y el pelo rapado nos encontramos con un artista visual de 26 años que mediante sus creaciones plasma el cruce entre lo mapuche, la homosexualidad y el feminismo, agregando una intención pedagógica a su mensaje artístico.

A través de sus obras plasma su propia identidad, siempre en construcción y mucho más amplia que los conceptos bajo los que se han encasillado su trabajo. Lo propuesto por Sebastián va más allá de feminismo, homosexualidad y cultura mapuche, porque él, mediante los cruces de estas temáticas en su biografía, nos recuerda que todos somos complejos y que estamos llenos de contradicciones y encuentros en nuestras acciones, reflexiones y pensamientos.

Como ejemplo podemos mencionar una de las primeras obras del artista, el video performance “You will never be a weye” (2015) expuesto en Santiago en el MAC. La obra habla de los machis weyes, quienes no se situaban en lo binario del género y por lo mismo fueron exterminados por los españoles.  Sebastián toma estos actores de la cultura mapuche para hablar del rechazo de su abuela a los homosexuales mapuches, utilizando el video para hablar y sanar de un tema que en general no se toca relacionado al los pueblos originarios “abortar el patriarcado de mi abuela, eso era”, dijo el artista.

Para Calfuqueo el arte le da la posibilidad de plasmar la exploración de su historia, su identidad y de la sociedad misma, constantemente reflexiona sobre los cambios, las incertidumbres que nos plantea la vida y las posiciónes que tomamos frente a ciertos temas. “Me construyo y me deconstruyo, me armo y me desarmo. Todas las veces que yo quiera”.

Al igual que el resto de los lugares en donde habita el patriarcado, es difícil abrir camino a una profundización de discursos y encuentros en donde los relatos que se enuncian no sean los mismos de siempre y lo que no incomoda.  Sebastián Calfuqueo se posiciona desde un lugar llamativo, desafiante y peculiar, ya que forma parte de la nueva generación de jóvenes mapuches que participan de los espacios academicistas, pero ya no como sujeto de estudio.

Las artes y la academia desde siempre han sido espacios en los que la predominancia de hombres heterosexuales blancos se ha hecho notar, discriminando mensajes, ideas y cuerpos todo con tal de no perder su lugar hegemónico; dentro de este contexto, la presencia de un artista como Calfuqueo permite agregar una reflexión certera y constructiva para los discursos obsoletos en los que a veces se mueve el arte.

Para Sebastián, el academicismo, sus tradiciones y formalidades no son útiles si es que las obras no tienen conexión con las problemáticas que se viven hoy en Chile, ya que nuestra realidad como país no puede ser desconocida desde ningún frente “¿Cómo vas a hablar de pliegues y formas si vives en un territorio en donde está quedando la cagá?. Estay en Chile, hazte cargo”, sentenció Calfuqueo.

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