Un secreto bien guardado: Es el único instrumento 100% chileno que data del siglo XVII, de la época colonial, y es utilizado en el canto a lo poeta, siguiendo una tradición única en el mundo y desconocida para muchos. Hoy las nuevas generaciones lo preservan e innovan en su uso.

Por Natalia Araya U. y Patricio Contreras M.

Fotografías por Alejandro Ávila

El guitarrón chileno es un instrumento de cuerda pulsada único en su clase. Tiene 21 cuerdas en cinco órdenes -grupos de cuerdas afinadas al mismo tono-, más dos pares a cada lado llamadas “diablitos”, sumando 25 en total. Esto, junto a sus incrustaciones, dibujos, tamaño y sonido similar al del arpa, lo convierten en el único instrumento totalmente originario de nuestro país.

Desde la época colonial hasta su impulso con la lira popular, se utilizó para musicalizar el canto a lo poeta. Este canto es una forma de interpretar el mundo y se divide en dos temáticas: por un lado, el canto a lo humano, que apela a situaciones cotidianas como historia y matrimonios, mientras que el canto a lo divino trata sobre la religiosidad popular. Las estrofas tienen métricas y sonoridad que se acompañan con un guitarrón que, a su vez, solía ser construido por los mismos folkloristas acorde al tono de sus voces y con símbolos propios.

En la actualidad, no solo payadores conocen su técnica de creación, sino también luthiers -confeccionistas de guitarras- que no crecieron cercanos al instrumento. Pablo Castañeda es uno de ellos, y aprendió el oficio con un artesano siete años atrás, luego de ganar un fondo de cultura que les permitió replicar los guitarrones más antiguos de los que encontraron registro, que datan de hace 200 años. Desde entonces confecciona guitarrones y enseña a construirlos.

Para Castañeda, lo que primero distingue a un guitarrón es su contexto, ya que no se toca en cualquier lugar, ni se acompaña con cualquier música: “El guitarrón antes se restringía a ciertos contextos relacionados a la religiosidad, el canto a lo humano, los ruedos, cantos del angelito y otras situaciones. Luego destacan sus símbolos, la cantidad de trastes, algunos tienen frases talladas o espejos que, según la tradición, servían para ahuyentar a los diablos”.

Para su confección, el luthier se vincula con la persona interesada, ya que existen muchas formas de idear encordados, madera, diseño, adornos e incluso según el tamaño de la persona. En tanto, para lograr el sonido, Castañeda consigue cuerdas de metal y de nailon de guitarras acústicas, clásicas, e incluso ukelele; ya que no hay cuerdas exclusivas de guitarrones.

Entre los cultores más destacados del canto a lo poeta están los Madariaga, una familia cartagenina compuesta por Arnoldo Madariaga Encina, su hijo Arnoldo Madariaga López, y su nieta Emma Madariaga Valladares, quien con 15 años se convirtió en la persona más joven en obtener –junto a su padre y su abuelo- el título de Tesoro Humano Vivo entregado por el Estado de Chile. “Es un reconocimiento a todo el esfuerzo y dedicación que han tenido mis maestros, mi padre y mi abuelo, pues soy testigo del sacrificio, cariño y respeto que tienen a la tradición, al sembrarla en el país para formar nuevas personas en el canto”, cuenta.

La joven guitarronera recuerda que, en su infancia, todas las noches se hacía música en su hogar, al punto de que aprendió a hablar tarareando melodías del canto a lo poeta. Se presentó por primera vez sobre un escenario a los seis años, y ese fue el primer paso en una carrera que la ha llevado a cantar con artistas de la talla del peruano David Alarco, el cubano José Enrique Paz o el puertorriqueño Roberto Silva, así como los chilenos Domingo Pontigo, Cecilia Astorga, y Francisco Astorga quien la incentivó a tocar guitarrón.

“Para muchas personas un instrumento es insignificante, pero para mí no, el guitarrón es y está siendo parte de mi aprendizaje en una tradición que recibo con mucho amor y respeto”, afirma la nieta de los Madariaga.

A pesar del estigma que rodea al instrumento, de que está ligado a los hombres, en los últimos años se han abierto espacios para el surgimiento de nuevas cantoras y guitarroneras, como Emma: “cada vez habemos más mujeres y eso para la tradición es muy bueno. Siento orgullo de ser cantora a lo poeta, de ser guitarronera y de ser mujer”.

Si hay algo en lo que Pablo y Emma concuerdan, es en la importancia de preservar el guitarrón y en sus esperanzas en las nuevas generaciones. "Debemos preocuparnos de recibir esta tradición, mantenerla y cultivarla de la misma manera que nos fue entregada”, dice la joven del clan Madariaga. Por su parte Pablo asegura que ya se está viviendo su evolución: “se está dando por sí solo y no es algo que se pueda imponer. Los jóvenes son quienes están más abiertos a cosas nuevas, y allí es donde el guitarrón es muy efectivo. Conocí a un músico de jazz al que le hice un guitarrón que domina la técnica y quiere aplicarlo al jazz. El guitarrón da para mucho más”.

 

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