Chile marcó un precedente a nivel latinoamericano en agosto al iniciar la prohibición de las bolsas plásticas a nivel nacional, pero ¿es suficiente la eliminación de las bolsas desechables para reducir el impacto del plástico en el medioambiente?

Fotografías por Agencia Uno

Casi dos meses han pasado desde el día en que dijimos “Chao bolsas plásticas” y comenzó a regir la norma que prohíbe la entrega de bolsas fabricadas a base de petróleo en los comercios de todo el país. Iniciativa pionera en Latinoamérica y que ha originado otras propuestas similares como la campaña #ChaoBombillas, lanzada por el Ministerio de Medio Ambiente durante fiestas patrias que buscaba disminuir el uso de bombillas plásticas desechables, específicamente en tragos típicos como el terremoto y el mote con huesillo.

Desde la aparición del Homo habilis hace 2 millones y medio de años, los humanos hemos usado los materiales a nuestro alrededor para crear lo que necesitamos. Ya en el 1600 a.C. en Mesoamérica se procesaba el caucho natural para fabricar artefactos plásticos, y hace hace más o menos un siglo lo mejoramos aún más, haciéndolo extremadamente ligero, muy resistente a las presiones, fácil de producir en masa y adaptable a cualquier forma.

Hoy lo vemos en miles de formatos: PET (botellas), PVC, nylon, acrílico y la lista continúa. Autos, computadores, adornos, envases, silicona quirúrgica, todo tiene un componente de plástico, y está tan naturalizado e incorporado en nuestras vidas que no nos damos cuenta cuando desechamos otra bolsa de basura, otra botella, otro vaso plástico.

Desde las décadas posteriores a la masificación de este material se han desechado miles de toneladas de productos plásticos que aún siguen rondando por el ambiente, y ahí comienzan los problemas porque el plástico no es biodegradable. Degradar un polímero toma entre 500 y 1000 años y en Estados Unidos un tercio de toda la basura producida son envases de plástico, envases que fueron usados durante un minuto y que quedarán allí durante cinco siglos.

Esto es una tendencia mundial: en el año 2016 creamos más de 330 millones de toneladas de plástico, es decir, un camión lleno de basura por minuto, y sólo en 2018 se han producido sobre 3,6 billones de bolsas plásticas en el mundo, pero un buen número de éstas termina en el mar. La Universidad de California publicó un estudio donde alertan que el 90% de todas las aves marítimas tienen contenidos de plástico en sus cuerpos y, consecuentemente, la fotografía de un cachalote muerto con 29 kilos de plástico en su interior cruzó el mundo en el mes de abril.

En Chile, la Universidad de Magallanes encontró nylon y poliéster en el 80% de las centollas en Cabo de Hornos. Así, según dversos estudios, la miel, la cerveza, la sal común, el agua de llave y hasta el polvo doméstico poseerían partículas de plástico.

La situación en nuestros cuerpos no es menos seria: se ha encontrado plástico en la orina del 93% de las personas y casi todos los adultos tenemos cantidades medibles de polímeros en el organismo, así lo advierte el Instituto Nacional de Salud Ambiental estadounidense. Y, si bien aún no han logrado obtener resultados concluyentes, estas micropartículas podrían estar asociadas a alteraciones en el sistema endocrino y el desarrollo de algún tipo de cáncer.

 

Políticas públicas 

Ya en 2014 Punta Arenas hizo noticia cuando una Ordenanza Municipal prohibió las bolsas de polietileno y polímeros similares, medida que se comenzó a replicar progresivamente en el resto del país con iniciativas como la integración de bolsas “biodegradables”. Sin embargo, un estudio del Ministerio de Medioambiente danés concluyó que hacer una bolsa desechable es mucho más barato y eficiente que una “biodegradable”. De esta manera, habría que utilizarla todos los días durante 19 años para lograr un impacto ambiental menor que con la desechable.

Según el sitio web de la iniciativa “Chao Bolsas Plásticas”, en Chile no existe un esquema que acredite la condición de “biodegradable” de dichas bolsas. “Las bolsas plásticas actuales conocidas como ‘biodegradables’, requieren de procesos de compostaje, en plantas de compostaje municipales o industriales, por lo que sin las condiciones adecuadas, una bolsa plástica ‘biodegradable’ podría producir los mismos impactos que una bolsa no “biodegradable” en el medio ambiente”, agrega.

Macarena Bahamondes es Ingeniera en Recursos Naturales y actualmente reside en Francia, donde, según cuenta, es habitual la compra a granel y que los franceses lleven sus propias bolsas o carteras para trasladar sus productos. Incluso almacenes de barrio dan bolsas de papel o entregan las cosas en la mano. Además, está interiorizado separar la basura domiciliaria y el reciclaje.

Sin embargo, segura que “quizás no te den bolsas en el supermercado, pero todo lo demás está preenvasado. Por ejemplo, muchas personas compran su ensalada lista en un envoltorio plástico. Sienten que reciclando hacen toda la pega”. La nueva ley chilena tampoco va más allá. Si bien, la ley prohíbe al comercio entregar bolsas plásticas y a los usuarios a recibirlas, los empaques plásticos de productos primarios y envasados de fábrica están excluidos de la prohibición.

Bahamondes cuenta la experiencia de Biocoop, una iniciativa francesa que nació como cooperativa y se enfoca en el comercio justo, trato directo con los productores y cadenas cortas de producción. Se potencia comprar a granel dentro del mercado local, sin incurrir en preenvasados y envoltorios propios del mercado transoceánico y, aunque los precios son un poco más caros, no distan mucho de las cadenas de supermercados. En Chile, una iniciativa similar que incluyera la disminución uso de plástico desde la industria alimentaria pudo ser un buen puntapié inicial en la lucha contra éste.

(Lee: "La ¿NO? política ambiental de Piñera (Volumen 2)")

A pesar de que la ley incluye la implementación de programas de educación ambiental sobre el uso de bolsas plásticas, un fomento al reciclaje a nivel local y regional, la promoción de políticas educativas centradas en separación de residuos, el empuje hacia futuras licitaciones de plantas de reciclaje en el país, esto es lo que la ley “Chao bolsas plásticas” no incluyó y que se hace cada vez más necesario. Así, el cambio en el estilo de vida que se impuso abruptamente en las y los consumidores, así como los costos adicionales en bolsas reutilizables, de papel o hasta en cajas de cartón en supermercados, se sentiría menos como una medida que en la práctica beneficia al comercio y afecta al consumidor.

***

Entre las acciones que pueden adoptarse en la vida cotidiana para disminuir el uso de plásticos, están el reutilizar botellas para tomar agua, comprar a granel, rechazar bombillas, llevar mochilas o carteras al comprar en supermercados, hasta preparar alimentos en casa y transportarlos en frascos o tupper son sólo algunos ejemplos.

Es importante tener en cuenta que cualquier acción individual para disminuir el uso de plástico será fructífera. Todos usamos productos plásticos en nuestra vida diaria, pero es necesario ser conscientes de que cada vez que no usamos algo plástico estamos ayudando al planeta. Todo puede ser desechable, pero no todo debería serlo.

 

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Bello Público

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