Tras el reconocimiento oficial de la organización estudiantil Agrupación Cultural Universitaria (ACU) en los estatutos de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile (FECh), Mariana González se convirtió sin siquiera pensarlo en la primera mujer presidenta de esta organización.

Por Emilia Moya y Ángel Chávez

 

En la sala de plenos de la FECh entre cuatro paredes llenas de color se sienta Mariana González. El lugar escogido es completamente simbólico, los muros muestran el trabajo en conjunto realizado por la ACU y la Federación, dibujos y frases que representan el rol político y cultural de ambas organizaciones estudiantiles. 

Cursaba segundo medio cuando La Moneda estaba siendo bombardeada, recuerda que quizás ese fue el punto en el que su vida política tomó más fuerza. Tuvo que comprender de golpe que la escuela a la que iba ya no era dirigida por un profesor sino por un militar quien les decía “cómo debían comportarse las niñas y cómo había que vestirse, las reglas del juego de un sistema que fue muy fuerte”. 

La ex presidenta de la ACU recuerda con añoranza la época en que el pensamiento político era algo que se adquiría “casi por ósmosis”. Desde muy temprana edad los niños y niñas aprendían y leían sobre política porque de eso era de lo que se hablaba en el entorno familiar. Mariana tiene claro que eso hoy se ve poco, que casi no existe y que dicho panorama es una herencia de la dictadura y el neoliberalismo.  

Mariana cuenta su historia política a grandes rasgos, se concentra en la Agrupación Cultural Universitaria y su rol artístico, intenta alejarse de la militancia pese a que se reconoce de izquierda al igual que toda su familia. Hace hincapié en que la ACU no fue una organización política, sino netamente cultural.

En un comienzo estaba la Agrupación Folclórica Universitaria (AFU), que se había organizado a partir de algunos talleres folclóricos de la Universidad. La AFU fue la antecesora de lo que sería después la ACU. Mariana explica que la agrupación folclórica quedó insuficiente ante la gran cantidad y diversidad de las expresiones artísticas no folclóricas de los estudiantes y de esa necesidad surgió la ACU.

A pesar de decir que las actividades culturales no eran políticas, valora la importancia de la ACU en la conformación de comunidad universitaria en dictadura. Reactivó la vida social de los campus que había sido asesinada por la dictadura. La importancia de la ACU, para ella, más allá del sentido duro y político, fue quitar el miedo a ser ellos mismos, a articularse y a hacer universidad. La ACU fue una experiencia de resistencia a la dictadura a través de pasarlo bien, de apreciar las expresiones artísticas y de disfrutar de relacionarse con el compañero de al lado.

“No teníamos miedo a la represión porque no estábamos haciendo nada ‘malo’. Éramos jóvenes universitarios tocando guitarra y juntándonos a tomar algo, no poníamos bombas ni hacíamos resistencia política”, cuenta Mariana sobre las condiciones en las que se organizaban en un contexto como la dictadura cívico-militar de Pinochet.

Con el paso de los años Mariana se da cuenta que la agrupación cultural de la cual era parte y que en algún momento dirigió le sirvió a ella como también a muchos y muchas como un lenitivo frente a los horrores de la dictadura, en un contexto donde estaban matando gente, ellos/as tocaban y cantaban. “Sin eso habría sido aún más duro”, dice.

En la juventud de Mariana, ella veía que todos andaban con una guitarra y se juntaban a compartir un vino, ojalá navegao, y una canción. Incluso, se sorprende que ahora los universitarios no porten instrumentos ni ocupen los espacios públicos para compartir. Entonces, cuenta, que la creación de la ACU nació casi espontáneamente por aquellos que querían realizar y participar en actividades artísticas y culturales.

Mariana cuenta como anécdota la vez que fue elegida como la primera secretaria de la ACU, años anteriores a ser presidenta de la misma organización. “Estábamos todos en la primera reunión para ver qué hacíamos, cómo nos íbamos a organizar y todos esos temas, ya que teníamos las ganas y las ideas, y como yo estaba anotando acta, me eligieron casi por lógica y unanimidad como secretaria”. Con la misma lógica, fue presidenta al ser la más experimentada del grupo para liderar la ACU en 1982.

Mariana González es una mujer decidida, sin miedo y con una capacidad organizativa inmensa, pues como ella misma afirma, para ser parte de la ACU no había ningún requisito más que tener ganas de hacer las cosas, no existían jerarquías más que en el papel con el objetivo de ordenar sus actividades más fácilmente. Asimismo, declara que el género no era un impedimento pues quien se hacía cargo de algo lo hacía sin importar nada.

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