Nicole Alejandra Saavedra Bahamondes, mujer, lesbiana de 23 años. Su cuerpo sin vida fue encontrado el sábado 25 de junio en el Embalse Los Aromos de Limache. El sábado anterior había ido a una fiesta y, durante el regreso a casa temprano en la mañana, en un paradero de La Cruz, su familia le perdió el rastro. Hasta el día de hoy, su muerte sigue impune.

Por Emilia Paz Moya Caro

A Nicole la mataron por nacer mujer, por ser lesbiana y no esconderlo, por expresar su esencia de la manera más libre que pudo; escogió dar la lucha por la visibilidad lésbica y el patriarcado, el machismo, la misoginia y la lesbofobia la mataron.

La secuestraron, torturaron y asesinaron, a casi dos años de su muerte no hay culpables, poco se habla del caso y el nombre de Nicole es una consigna para algunas feministas y lesbianas, pero sigue siendo un caso desconocido para muchos y muchas.

¿Por qué el asesinato de Daniel Zamudio impulsó la creación de una Ley Antidiscriminación conocida con su nombre? ¿Por qué su muerte inspiró libros obras, películas y series de televisión? ¿Por qué con el crimen de Nicole ocurrió todo lo contrario? Un asesinato que ha sido invisibilizado por los medios, la justicia y la propia opinión pública

La familia Bahamondes, y grupos de feministas locales, pidieron a la Red Chilena contra la Violencia hacia la Mujeres asistencia jurídica, y pese a que ellas no prestan dichos servicios, Silvana del Valle, abogada de la Red, tomó el caso en abril de 2017 transformando el crimen de Nicole en el primer hecho ante el cual proporcionaron recursos legales de manera directa.

Del Valle cree firmemente que este caso “ha sido invisibilizado por la misma razón que asesinaron a Nicole, por su condición de mujer y de lesbiana”. Tanto la abogada como la familia Bahamondes están cansadas de la ineficacia en el desarrollo de la investigación, la inoperancia también mata y violenta, incluso después de la muerte.

A Nicole la asesinaron por ser visible, y hoy su muerte sigue impune. Vivió años de violencia lesbofóbica en un pueblo machista, y su memoria continúa siendo violentada por cada integrante de la justicia chilena que considera que las pruebas existentes no son contundentes para esclarecer los hechos, o que no le otorga la relevancia necesaria al caso, arriesgando que pueda ser uno más en la lista de homicidios a mujeres lesbianas no clarificados en la zona.

Fue encontrada con las manos atadas y con golpes brutales en su cuerpo: había sido torturada. Estuvo siete días desaparecida, y cuando la Policía de Investigaciones localizó su cuerpo había fallecido hace aproximadamente treinta horas. Desde ese momento, se solicitó la revisión de las cámaras de seguridad de las carreteras cercanas al lugar para esclarecer los hechos y encontrar culpables; más de un año esperaron para enviar el material para ser analizado. Aún no hay resultados. 

Las lesbianas hemos sido históricamente oprimidas, se ha negado nuestra existencia política y socialmente. Incomodamos porque muchos hombres no comprenden qué nos sucede, qué está mal con nosotras, quién nos hizo tanto daño para que ellos no sean sujetos de atención en nuestras relaciones.    

Decimos que la sociedad avanza, que hay más tolerancia o que nuestras mentes están más abiertas hacia la diversidad, y quizás en cierto punto, al menos, podemos hablar de relaciones no heterosexuales, y recibir, si tenemos suerte, apoyo desde nuestras familias o círculos de amigos y amigas. Pero, ¿es esto realmente suficiente cuando la calle sigue siendo un campo de batalla? Cuando el Estado y la justicia niegan nuestra existencia, tardando años en esclarecer un crimen que a todas luces fue misógino y lesbofóbico.

Entendemos que no es lo mismo ser gay que lesbiana, sabemos que a la homofobia se le suma la misoginia, y que las mujeres continuamos siendo ciudadanas de segunda categoría. Nuestras muertes no importan, porque en vida la sociedad se ha encargado de hacernos invisibles y de silenciarnos cada vez que alzamos la voz.   

Hoy seguimos en pie por Nicole, pero ella no es un caso aislado y eso, más que una consigna de lucha se transforma en un recordatorio constante: mañana puedo ser yo. Nicole somos todas, puede ser cualquier mujer lesbiana, podemos despertar una mañana tras un carrete, enviar un mensaje a nuestra familia avisando que estamos bien y llegaremos a desayunar, para después jamás regresar.

Seguiremos luchando por ella, por María Pía Castro, Marielle Franco, Mónica Briones y por todas las que ya no tienen voz, todas a quienes les arrebataron con violencia y odio el grito disidente.

Porque nos queremos vivas, libres y sin miedo, “ni una lesbiana menos, ni un macho de mierda más”. Exigimos justicia para Nicole Alejandra Saavedra Bahamondes a dos años de su secuestro, tortura y asesinato. Seguimos sumando meses sin imputados, sin claridades, sin culpables. Lesbianas en pie de guerra, porque la violencia institucional no puede ganar esta batalla.

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