A pesar de que estos especímenes son muy comunes en espacios universitarios, se pueden encontrar gastando oxígeno hasta en los lugares más insospechados. En esta edición, te damos los tips necesarios para saber sus tácticas de conquista, cómo identificarlos y por qué borrarlos de tu círculo de relaciones personales.

Por Paula Rivera y Leslie Sanzana
Ilustraciones por Eréndira Derbez

1. Nociones básicas del espécimen

Generalmente, el machito progre es militante, miembro activo y legal de algún piño revolucionario, anticapitalista, antiimperialista, libertario, anarco, etc. y, si le alcanza la patudez, se autodenominará "feminista”.

La retórica pasivo-agresiva es una excelente definición su discurso progre. En términos de Aristóteles, este muchacho se encontraría en el equilibrio perfecto entre la emocionalidad, la credibilidad y la lógica. Sus argumentos son tan bien construidos que le resulta indignante que surjan cuestionamientos en su contra porque con su ego no debe jugar jamás.

2.  Hábitat Natural

Las asambleas son su hábitat favorito. No sólo es común que asista a todas y cada una de las convocatorias de sus facultades o institutos, sino que es imposible que pase desapercibido. A este tipo de hombre le encanta alardear de su don de la palabra y presumir todos cada uno de sus ideales para ganar adherentes.

Llama a dejar de lado el amarillismo con un cierto deje de irritabilidad (no se callan nunca), invisibilizan a todas las compañeras que toman la palabra, y le encanta armar polémica, es decir, hacer de la asamblea un reality show.

3. Privilegios  

Se cree muy “deconstruido” pero no es capaz de asumir y menos dejar de lado los miles de privilegios de los que día a día goza. Sólo agacha la cabeza para fingir interés, pero sigue mirándonos desde arriba, desde su posición de poder, que le parece quedar bastante cómoda para desenvolverse con naturalidad en el ámbito universitario. 

4. Uso y abuso del Mansplaining

De las raíces angloparlantes “man’s” y “explaining”; este concepto hace referencia a las explicaciones de hombres a mujeres que se hacen de forma paternalista y condescendiente sobre un tema que convencionalmente ha sido heteronormado “sólo para hombres”. Si lo explicamos en cetáceo, este trato es el duro reflejo de una construcción social en el ámbito de la educación que es sumamente patriarcal.

5. Cortejo romanticismo clásico revolucionario

El objetivo principal del macho progre es clarísimo al ir a alumbrarse a las marchas, asambleas, pasacampus, cortacalles, almuerzos comunitarios y cuánto evento social haya disponible dentro de su metro cuadrado.

Cuán pavo real, trata de buscar a la atención de las mujeres, o en buen chileno, vendernos la pomá de que él es un superhéroe de la revolución y ofrece la cura para todos nuestros males contra el capitalismo. Para esto tiene un modus operandi totalmente preparado para ser utilizado en carretes universitarios o cualquier instancia en la que pueda salir a cazar. Pillo como él sólo, se convierte en un híbrido grotesco fabricado en base a todo lo que histórica y convencionalmente ha sido considerado como “atractivo”. Para ello:

●Utiliza toda la retórica aprendida y derrochará seguridad defendiendo a muerte causas que, probablemente, ni siquiera comprende a cabalidad.

●Se apropia de discursos y causas que nacen del feminismo: la idea es que pienses que les importa toda nuestra lucha. Su patética realidad es que el apoyo a sus compañeras se sustenta sólo en la punta del iceberg de todos los problemas que tenemos en la sociedad patriarcal.

●Se justifica constantemente al momento de pasarse de listo con alguna compañera, ya sea de forma física o verbal. Incluso utilizará la consigna de la igualdad de género o la libertad de expresión para decir y hacer lo que se le plazca.

Compañeras, debemos dejar en claro que esta es nuestra revolución, una que debe nacer desde, para y por nosotras. Nunca rechazaremos el apoyo de nadie, el aporte masculino será bienvenido sólo si nuestros pares toman consciencia de que su compañía dentro de esta lucha es asumida con humildad, autocrítica y nunca, bajo la pretensión de obtener protagonismo.

Si te diste cuenta que tienes a alguien así a tu lado, déjalo porque no lo necesitas. De aquí para adelante no le debes consultar a nadie sobre la aprobación de un tema y menos, a un hombre que cree saber al pie de la letra las opresiones que enfrentas por ser mujer.

La sororidad y el amor entre mujeres siempre será nuestra primera arma contra la violencia, la invisibilización y el patriarcado. Nos tenemos las unas a las otras y no necesitamos nada más. Por eso, abandonemos los principios como la competencia y avancemos hacia la construcción de relaciones sinceras que combatan la violencia machista en la universidad, en las relaciones y en la casa.

Publicado en RBP #81 Mayo - Junio 2017

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