El teatro universitario en el país tiene su punto de partida en 1941 con la fundación del Teatro Experimental de la Universidad de Chile y la posterior aparición del Teatro de Ensayo de la Universidad Católica en 1943. Han pasado más de 70 años de esos primeros cimientos, las cosas han cambiado y el Festival Víctor Jara nos permite hacernos una idea sobre las nuevas formas e inquietudes juveniles en relación con el teatro.

Por César H. Navarro y Valentina Camilla
Ilustración por Ricardero

Víctor Jara nunca imaginó que desde hace 20 años entre las murallas blancas de Morandé #750 se celebraría un festival de teatro universitario con su nombre. Según cuentan, una experiencia que marca de todas formas tu paso por la universidad. 

En 1998, estudiantes que cursaban su último año en el DETUCH, levantan el festival como una forma de resolver las inquietudes propias de la incertidumbre laboral, con el propósito de crear proyectos e instancias para aprender lo necesario antes de entrar al mundo profesional. Veinte años después conserva la misma esencia, siendo los estudiantes quienes organizan y gestionan.

Como ya se ha vuelto tradición, el festival actúa como una instancia de encuentro y competencia en donde se presentan montajes de textos dramáticos escritos por estudiantes de las carreras de Actuación y Diseño Teatral.

Para Raúl Riquelme, dramaturgo del montaje ganador 2018, este es un espacio “muy de resistencia, porque es como en un lugar súper apartado, súper reducido. Todo es por amor al arte, literal. Trabajar, juntarse, dar tu tiempo sin ningún otro afán que crear. Yo creo que eso es admirable”, comenta.

El festival Víctor Jara ha visto nacer importantes compañías y referentes. Un ejemplo contemporáneo es la compañía Mafia Rosa, creadora de la obra “Mujer de preñez húngara” premiada como Mejor Montaje en el festival del 2014 y que en 2017 realizó una gira por España. Además, se han presentado en el Festival Internacional Santiago Off y en el Teatro Municipal de Las Condes, entre otras exhibiciones destacadas.

Con tal trayectoria, el festival ha sido un reflejo de los cambios sociales. Este año no quedó ajeno con el nivel de mujeres participantes. De las tres obras en competencia, todas fueron dirigidas por estudiantas, lo mismo respecto a la dramaturgia, donde dos obras cuentan con sus plumas y autoría.

Desde la organización, Belén Herrera -además de directora del montaje ganador 2018- comenta que siempre han sido más hombres, pero al ser voluntario, lo asocia al interés. “Este año, yo era la única en organización. Me metí por lo mismo, porque dije a falta de representatividad, la única forma es entrando. Aparte yo escribí el año pasado. De nueve textos, solo uno, el mío, fue escrito por mujeres (“La Reina del Perreo”) y sólo uno dirigido por una chica. Este año fue importante ese cambio, se generó un quiebre”, puntualizó.

 

Ingenio, ganas y precarización

Un detalle interesante y que habla de su nivel de autogestión del festival es que sus bases cambian cada versión, ajustándose a las condiciones económicas y logísticas en las que se vaya a desarrollar. A esto se suma que año a año sus organizadores son rotativos y voluntarios.

Esta instancia se levanta de forma autónoma y en las manos de estudiantes que dan vida a un espacio único dentro de la comunidad universitaria, pero que lamentablemente no recibe el sufriente apoyo por parte de la institucionalidad.

El histórico Festival Víctor Jara no cuenta con un financiamiento permanente por parte de la Universidad de Chile, siendo este uno de los principales factores que limitan su acceso, difusión y alcance.

Actualmente, el financiamiento se obtiene mediante una fiesta que se realiza antes del festival, de la venta de entradas para las funciones (que no cuestan más de $2.000), los fondos concursables de la FECh y de la postulación al Fondo Azul, dinero que se entrega a los proyectos estudiantiles que aporten a las áreas de desarrollo de la universidad. 

A pesar del escaso apoyo instruccional, los jóvenes prefieren centrarse en su autonomía. “Nadie se puede meter en las decisiones que tomamos con respecto al festival, no recibimos plata (directa) de nadie y por eso tampoco le debemos lealtad a nadie”, concluye Riquelme.

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