Todos te pudieron haber dicho lo que te debías esperar, cómo podría ser y las cosas que iban a pasar, hasta recibiste tips para sobrevivir y algunas recetas de cocina básicas para comer de todo un poco, pero todo eso nunca es suficiente.

Por Valentina Camilla-Araya y Paula Rivera Carreño

Llegas, abres el refri y no hay nada para comer, se te olvidó ir a comprar el pan y vienes de un día en que lo diste todo en la U, no quedan fuerzas para pegarse la ida al super y traerse las bolsas con lo necesario. Quizás hiciste mal los cálculos y no hay mucha plata para comprar justo eso de lo que estabas antojado o algo peor: tuviste una pesadilla y recuerdas que estás solo en el Gran Santiago.

Al llegar todo parece divertido, la gente, el metro, las micros tan grandes, los nuevos lugares para recorrer. Tienes la posibilidad de hacer todas esas cosas que alguna vez pensaste hacer. Llegas y crees que encontraste tu lugar entre tanta diversidad, tantas luces de neón y tantos recorridos de micros.

En la primera caminata por la Alameda piensas en qué estarán tus amigos y te gustaría compartir esto con ellos. Pero están lejos y este es el comienzo de lapsos de irrealidad en los que crees que en cualquier momento llegarás a tu casa, a tu ciudad, con tu familia, pero no.

Van a pasar un montón de cosas que te harán acercarte a este paralelo en tu vida y entre toda esa gente, encontrarás a las personas que terminarán siendo tus grandes amigos. Con las penas de amor y el llanto correspondiente por extrañar el hogar habrá gente dispuesta a darte un abrazo e invitarte una chela para matar la tarde.

Entre todo el mix de emociones, comienzas a probar tan esperada libertad durante mucho tiempo pero cuesta asumir las responsabilidades que amerita como la constante preocupación de cumplirle a tu familia, hacer valer la plata que te mandan con el esfuerzo y las ganas de querer seguir soñando, porque probablemente el lugar de dónde vienes resulta ser uno de los tantos olvidados por el centralismo.

Cuando descubres y ves en primera persona todo lo que el centralismo le quitó a tu lugar de origen, se acrecientan las ganas por querer devolverle la mano a aquel paisaje desértico o a ese lugar montañoso y rodeado de árboles que te vio crecer.

Las pocas oportunidades o el poco desarrollo en ciertas áreas artísticas o científicas es lo que te obliga a migrar. Si existiera la oportunidad de poder tener una educación de calidad cercana al lugar de origen, probablemente muchos la tomarían, ya que implicaría un ahorro económico para las familias y fomentaría un mejor desarrollo de las regiones, evitado la fuga de capital humano que actualmente existe a nivel nacional.

Constantemente te dijeron que era necesario migrar porque en tu lugar de origen no está lo necesario para que se cumplan los sueños y te repitieron un sinfín de veces más que debías intentarlo, quizás hasta te convenciste para irte cuando no era lo que tú querías o no lo creías necesario.

Todos los ingenios para cocinar algo con pocas cosas, todas las veces en las que la lluvia te va a matar el día por la poca costumbre o que el calor resultará insoportable y el aire irrespirable, todas esas veces en que no entenderás bien hacia dónde vas, le terminan otorgando la mística particular a la Capital.

“Santiaguinizarse” no es un delito, pero es importante llevar con cariño y fuerza la historia de tu lugar de procedencia, para mantener la identidad firme y compartir el saber de nuestras tierras en este lugar que carece de una identidad determinada. Asumir con naturalidad el ritmo de ésta ciudad te aleja de la eterna tranquilidad que otorga el mar, te aleja del silencio de los bosques y te arrebata la eterna resignación por todo lo que el centralismo le quitó a nuestras regiones.

Amiga/o regionazi, te abrazamos. Cuando decaiga la moral y el aguante recuerda que somos muchos los que nos perdemos en las micros y somos muchos los que constantemente pensamos en nuestro hogar. Cuando las fuerzas se agoten, refúgiate en los nuevos amigos que encontrarás en el Gran Santiago, en sus hogares y en el cariño de las nuevas familias que estarán dispuestas a regalonearte con un pan con palta en el invierno o una taza de té cuando tengas ganas de conversar.

Publicado en RBP #80 Marzo 2017

Acerca del Autor

Bello Público

Más artículos de este autor.

Comparte lo que lees

  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • Oh... que veo harto con los ojos abiertos Leer más
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10

Instagram @bellopublico