A más de un año de la desaparición de José Vergara Espinoza, el tercer detenido desaparecido en democracia, aún no hay respuestas. La institución es cómplice y la violencia del sistema está latente en Alto Hospicio.

Por Valentina Camilla-Araya y Nicole Dagnino

Alto Hospicio es una comuna de la región de Tarapacá en la que viven aproximadamente 120 mil habitantes. Uno de ellos era José Antonio Vergara Espinoza, que desapareció el domingo 13 de septiembre del 2015 en manos de Carabineros de Chile, los mismos que velan para que duerman tranquilas las niñas inocentes.

A las 8 de la mañana, Jacqueline Soto, madrastra de José, llama a Carabineros al no poder controlar al joven en una de sus crisis esquizofrénicas. Esto ya había sucedido antes y Carabineros había procedido al domicilio en al menos cinco ocasiones. Cuatro uniformados llegaron a la casa ubicada en la población La Tortuga en Alto Hospicio, en donde las casas pareadas tienen el techo plano porque nunca llueve. Los carabineros Carlos Valencia, Ángelo Muñoz, Abraham Caro y Manuel Carvajal lo esposaron y lo subieron a la cuca.

Lo que debía ocurrir, era realizar el control de identidad en la 3ra Comisaría de Alto Hospicio, esperar a que el joven se calmara para después dejarlo en libertad. Jacqueline no quería levantar ninguna denuncia, era sólo para que José estuviera controlado durante su crisis y así después siguiera con sus caminatas habituales por el centro de la ciudad. José hasta el día de hoy no vuelve a su hogar en la calle Salitrera María Encarnación.

Tras dos días de su desaparición, la familia decidió recurrir a la comisaría para saber sobre el paradero de José. La respuesta: los Carabineros que se dirigieron al domicilio no encontraron a la persona que buscaban y se retiraron del lugar, según ellos, sólo habían hablado con una mujer, pero el joven de cabello negro rizado y ojos verdes que estaban buscando jamás fue visto por ellos.

No fue hasta el 30 de septiembre que empezó a salir la verdad a la luz. La familia se reunió con el Capitán Pablo Pinochet y él escuchó su versión de la historia. Decidió interrogar por separado a los involucrados hasta que Carvajal, el más joven del Cuadrante 7 decidió hablar y romper aquel pacto de silencio que como tantos otros se han firmado en nombre de aquel uniforme verde que en la historia ha estado manchado con la sangre de cientos de inocentes.

Carvajal contó lo que pasó. Habían arrestado a José y decidieron mentir, falsificando las comunicaciones a la central y además, cambiando la información de la hoja de ruta del vehículo marca Nissan modelo Terrano con patente Z-4514.

Esto dio paso a una investigación, que resultó con la baja y orden de arresto de los cuatro implicados. Durante el proceso, tanto la Fiscalía Militar como para Justicia Civil habían recibido versiones que se contradecían entre sí. La versión de los imputados es que dejaron a José a 9 kilómetros de su casa, en el desierto camino a Caleta Buena, para que se calmara y volviera solo, lo dejaron en ese mismo desierto en el que años atrás Julio Pérez Silva, el psicópata de Alto Hospicio, dejó los trece cuerpos de las Reinas de la Pampa, para que la Chusca tapara junto al viento sus ojos inocentes.

Hoy, los cuatro implicados se encuentran en prisión preventiva, y el juicio lo lleva el Ministerio Público. En el lugar en que dicen haberlo dejado para que se calmara y volviera solo a su hogar no hay ningún rastro, en ninguna de las zonas posibles en las que se pueda rastrear hay algo de José. Más de 400 personas dicen haberlo visto, pero nunca es él. No han logrado encontrarlo pese a la incansable búsqueda e insistencia de su familia.

En este desierto donde el sol es cómplice de tantas injusticias, nadie se pronuncia al respecto. La prensa local se ha encargado de tergiversar la información y de desviar la atención del caso, donde el mayor problema es que Carabineros haya hecho desaparecer a un hombre inocente porque en esta sociedad hay vidas que valen más que otras, entonces, la vida de un joven nacido en La Dehesa para la institución y para el sistema va a valer más que la vida de un joven en un lugar recóndito de este país tan largo e injusto.

En parte se repite la historia de las Reinas de la Pampa, a las que acusaron de prostitución, drogadicción y narcotráfico. Las autoridades afirmaban que habían huido de sus hogares en busca de una vida mejor y jamás fue así, porque un hombre las violó y asesinó en este mismo desierto que hoy esconde el secreto de José Vergara.

Ellas también fueron discriminadas por su lugar de procedencia, por ser pobres, por venir de este Alto Hospicio en donde las personas sigue yendo a la feria los domingos en la mañana con total tranquilidad a pesar de que desaparezca gente. Por venir de esta misma comuna en donde la reina de los carnavales del verano es la pasta base y en donde todas las violencias del sistema fluyen en conjunto, siempre latentes, siempre presentes.

Publicado en RBP #82 Julio - Agosto 2017

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