La primera faena del proyecto Bicentenario del Campus Juan Gómez Millas de la Universidad de Chile se instaló en 2011 y desde entonces no han cesado las construcciones debido a tardanzas de hasta seis años en la entrega de las nuevas instalaciones. Del plan maestro original nunca más se supo y cada facultad ha hecho lo que ha querido. Se han perdido espacios verdes y las obras han dejado al campus desprovisto de condiciones de seguridad. Y si este año ingresa una persona con discapacidad a estudiar al campus, no podrá transitar ni llegar a sus salas de clase.

Por Antonia Pumarino Manosalva
Fotos por Andrea Valderrama Yevilao

Quienes conocen el campus Juan Gómez Millas de la Universidad de Chile saben de la notoria precariedad de sus instalaciones. Con la Iniciativa Bicentenario se prometió, entre otras cosas, modernizar y mejorar la infraestructura del campus. Sin embargo, a siete años de obras, aún falta por construir y no está claro el futuro de las áreas verdes prometidas ni de las condiciones de seguridad y de accesibilidad que tendrá el campus. Mientras tanto, hoy no existen salidas de emergencia, vías de evacuación o zonas seguras.

La Iniciativa Bicentenario Juan Gómez Millas (IBJGM) de la Universidad de Chile fue un proyecto que buscaba revitalizar las Humanidades, las Artes, las Ciencias Sociales y la Comunicación, áreas que fueron debilitadas e incluso cerradas durante la dictadura. Un acuerdo del 28 de enero de 2010 entre la presidenta Michelle Bachelet, la ex ministra de Educación Mónica Jiménez y el entonces Rector Víctor Pérez selló el convenio de la Iniciativa Bicentenario, con un aporte inédito del Estado de 25 mil millones de pesos.

Para mejorar la infraestructura, el proyecto comprendía la construcción de tres aularios, un polideportivo, un nuevo edificio para la Facultad de Filosofía, una Plataforma Cultural que en sí misma integraba una nueva fachada para la Avenida Grecia, salas de exposiciones, el Museo de Arte Popular Americano (MAPA) y una cafetería.

También incluía una ampliación de la Facultad de Ciencias Sociales. Inicialmente se contemplaba la utilización del ex edificio de Filosofía como una Biblioteca de Campus, pero debido a que recién en 2017 se empezó a construir el nuevo inmueble, se decidió remodelar la biblioteca de la Facultad de Artes y también la del Instituto de la Comunicación e Imagen.

La Iniciativa Bicentenario se diseñó con base en un plan maestro, realizado por Gubbins Arquitectos. En él se trazaban todos los proyectos de cada facultad y los espacios comunes de forma armónica. Sin embargo, hubo distintos conflictos entre las unidades académicas y la iniciativa.

"Cada cual hace lo que se le da la gana. Por ejemplo Filosofía ahora instaló su edificio casi arriba del aulario y no les importó nada", dice la ex Directora Alterna del proyecto, Loreto Rebolledo.

Las obras comenzaron en diciembre de 2011. Desde entonces, el campus Juan Gómez Millas se ha tornado crecientemente en una gigantesca obra en permanente construcción, con vías cerradas, escombros, maquinaria pesada, caminos desnivelados, tablones y cholguán para tapar charcos de barro y agua, piedras, polvo y ruidos ensordecedores en las aulas.

 

Faenas eternas

El anuario del proyecto fijó la entrega de tres aularios y un nuevo complejo deportivo para 2013, además de la iniciación de los trabajos de paisajismo, y para 2014 la entrega de la Plataforma Cultural.

Sin embargo, debido a que la Facultad de Ciencias no entregó los terrenos donde se edificaría el tercer aulario, sólo fue posible construir los dos primeros, dejándose postergado el aulario C. Tanto el aulario A como el Aulario B estuvieron operativos en marzo de 2014, mientras que el tercer aulario debería haber iniciado la instalación de las faenas de construcción en diciembre de 2017.

Por su parte, el complejo deportivo constaba de dos licitaciones, la primera de diseño y la otra de construcción. La primera costó 130 millones de pesos y estuvo a cargo de Plan Arquitectos. La adjudicación de la segunda, para la construcción, fue autorizada en julio de 2014 pero la adjudicación se demoró por asuntos de las bases administrativas. Recién en mayo de 2016 se llegó a un acuerdo y se aprobaron 6 mil 208 millones de pesos, con un plazo de entrega de un año. El 20 de diciembre de 2017 se inauguró el recinto deportivo de 9 mil metros cuadrados.

Mientras tanto, la Plataforma Cultural se ha demorado debido a diferencias entre los montos que la Universidad fijó y los presupuestos de las propuestas de las constructoras. En la primera licitación pública en julio de 2014 se fijaron 3 mil 200 millones de pesos pero no hubo oferentes, por lo que se declaró desierta y se llamó a una licitación privada dos meses después. Pero la estimación presupuestaria era mucho mayor a la inicial y se debían cambiar las bases, por lo que se dejó sin efecto el concurso. Finalmente en abril de 2016 se hizo una nueva licitación pública y se aceptaron dos oferentes. Pero el mejor evaluado excedía en un 49,58 por ciento el monto referencial, por lo que la Universidad decidió aprobar el monto de 8 mil 675 millones de pesos, con un plazo de 450 corridos para la entrega. Este plazo se terminaría a finales de septiembre de 2018, dado que las construcciones comenzaron en julio de 2017.

Por su parte, el nuevo edificio de la Facultad de Filosofía y Humanidades pasó por un largo proceso de diseño. Esto, sumado a demoras administrativas, ralentizó la licitación. Cuando se abrió el concurso público en 2014, los posibles oferentes señalaron que los 420 días que se establecieron para la construcción eran insuficientes, por lo que se aumentó a 570. En enero de 2015 se presentó una sola oferta, pero finalmente esta constructora desistió por lo que se declaró desierta la licitación. Se hizo nuevamente un concurso público y en abril de 2016, la empresa PROCOIN se adjudicó el proyecto por 10 mil millones de pesos y con un plazo de 570 días.

En 2018 se cumplen ocho generaciones de estudiantes del Campus Juan Gómez Millas (JGM) que han visto su lugar de estudios transformado en una eterna construcción, contando desde el inicio de las faenas de los aularios en 2011. En marzo de 2014 comenzaron a utilizarse el aulario A y B. Sin embargo, aún no empieza a construirse el postergado aulario C. Hasta esta fecha, se ha entregado la extensión del Edificio de la Facultad de Ciencias Sociales (FACSo) y los aularios ya mencionados.

 

Campus Parque

El proyecto de paisajismo constó de dos licitaciones distintas, primero la de diseño y luego la de construcción. La primera se la adjudicó el 6 de agosto de 2012, entre sólo dos oferentes, Werner Ricardo Rivera Zúñiga por un monto de 35 millones 900 mil pesos y un plazo de 360 días. Entre sus bases se especifica que "el criterio de diseño de la arborización del campus deberá resaltar su condición de campus-parque que la entrega en gran medida la abundante y variada arborización existente. Se deberá reforzar este carácter cuantitativa y cualitativamente, mediante la introducción de especies nativas en número y ubicación relevante".

En un informe del 29 de septiembre de 2014 se precisó la necesidad indispensable de realizar estudios de seguridad y red de incendios del campus, los cuales no estaban contemplados en el contrato original. También señaló que esta tarea sólo podía hacerla quien hizo el diseño de paisajismo, es decir, Werner Ricardo Rivera Zúñiga. El monto asignado por este trabajo fue de 6 millones de pesos.

Finalizada entonces la parte de diseño, el 1 de julio de 2014 se aprobó el llamado a licitación pública, donde la universidad declaraba un presupuesto estimado de 530 millones con un plazo máximo de 270 días corridos.

Debido a que no hubo propuestas de licitación, se amplió el plazo de recepción al 4 de noviembre. Cumplida esta fecha y dado que tampoco se presentaron ofertas, se declaró desierta la licitación el 5 de enero de 2015. La universidad aprobó entonces un llamado a licitación privada.

El 31 de julio de 2015 la universidad aprobó eliminación de los árboles nuevos contemplados en las bases de la licitación, además de una disminución en los arbustos, cubresuelos y césped, argumentando que esto "no afecta el normal desarrollo del resto de la obra y es técnicamente factible su implementación en una etapa posterior".

Esta medida se justificó alegando que en 2012 se firmó un convenio entre la Universidad de Chile y la Corporación Nacional Forestal para la incorporación de nuevas especies en el Campus JGM como experiencia piloto para el resto de la universidad. En ninguno de los anuarios de la Iniciativa Bicentenario desde 2011 hasta 2014 se detallan los resultados de dicho convenio.

"Aunque tú no lo creas, los árboles están. A partir del convenio con CONAF están guardados en el recinto que está cerrado acá al frente [de ICEI]. Ahí están los árboles que mandaron", señaló Loreto Rebolledo al ser consultada al respecto. Sobre por qué no están publicados los contenidos de dicho convenio, la ex Directora señaló que se les había olvidado.

Finalmente, la licitación  de construcción de paisajismo fue adjudicada a la empresa Ferreccio Limitada por un monto de 457 millones y un plazo de 240 días. La entrega de terreno fue el 1 de febrero de 2016, por lo que la fecha de entrega de las obras se fijó para el 28 de septiembre de 2016.

Sin embargo en abril y en noviembre del 2016, la Universidad de Chile le solicitó a Ferreccio obras no contempladas en el contrato. La primera vez fue porque en ese mes se encontraron "interferencias entre el proyecto y las redes de fibra óptica y de agua potable del campus, [por lo que] debió solicitarse a la empresa constructora la realización de obras no contempladas originalmente pero necesarias para la completa y correcta ejecución".

En febrero de 2016  se presentó el presupuesto de estas obras por un monto de 13 millones. Por esta razón y además por contingencias del clima, desmanes, incongruencias entre la planimetría del proyecto y la realidad del terreno, la empresa solicitó un aumento de plazo en septiembre. Se le aprobaron 90 días corridos, es decir, la fecha de entrega sería el 27 de diciembre de 2016.

La segunda vez, el Inspector Fiscal de Obras determinó que estas obras extraordinarias eran necesarias para la completa y correcta ejecución del proyecto. Por otra parte, por el aumento del costo total, se solicita una disminución de obras por 16 millones de pesos. Sumando todas las obras adicionales y extraordinarias, y restando el monto de disminución, en total se destinaron 98 millones de pesos. Por este aumento, Ferreccio solicitó el 21 de diciembre de 2016 otra extensión del plazo, donde se le aprobaron nuevamente 90 días de corridos adicionales, fijándose como nueva fecha de término el 27 de marzo de 2017.

"Muchas veces las empresas presentan en papel cosas que en la realidad no son y eso fue lo que pasó con esta empresa que no se pudo hacer responsable de la envergadura del proyecto de paisajismo. Entonces entró en la fase de liquidación del contrato y mientras esa liquidación no se termine, no se puede hacer otra licitación. Luego debemos ver cómo a nivel universidad se hacen cargo de terminar el paisajismo en las condiciones que estaban comprometidas," explicó el Sub-director del Instituto de la Comunicación e Imagen, José Miguel Labrín.

 

Peligro latente

Los caminos del campus siempre han estado en mal estado. Pavimentos rotos, tramos sin él, senderos de tierra con hoyos, caminos de piedras de todos tamaños y la nula señalización lo hacían un espacio complicado para transitar, especialmente cuando llueve, puesto que la tierra se vuelve resbaladiza y se forman grandes charcos.

Las construcciones que aumentaron durante 2015 y 2016 lo volvieron, además, inhóspito. Los estudiantes comenzaban el año académico y no sabían cómo llegar a sus espacios, puesto que los caminos estaban cerrados sin previo aviso. Ni siquiera había señalización. Quienes acuden al campus deben pasar a centímetros de obras pesadas, en medio de retroexcavadoras y otros procedimientos de construcción, incluso con fuego, porque no hay otras rutas.

Hace algunos meses, la Dirección de Recursos Humanos presentó su preocupación a la Administración del campus por el uso de maquinaria en horarios cuando hay movimiento de personas, por ejemplo, en horarios de clase.

“Tienes que pasar sí o sí por ese estacionamiento de piedra y tierra, especialmente para llegar al ICEI, y ahí siempre hay maquinaria que está haciendo movimientos de escombros y de tierra y en general eso nos preocupa”, dijo el Director de Recursos Humanos del ICEI, David Huerta.

Si el campus ya era hostil para quienes tienen problemas de desplazamiento, con pocos caminos pavimentados, accesos difíciles y rampas en mal estado, esta situación se volvió mucho más crítica. Cuando llueve, el campus además de no tener suficientes espacios techados, se inunda, dejando todo embarrado.

La situación es más grave aún para los académicos de mayor edad, quienes deben transitar desde el ICEI hasta el aulario para hacer clases. Esto se agudiza cuando hay barro o agua, haciendo muy difícil pasar por el lugar.

La señalización y las medidas de seguridad del campus también son deficientes. Ante caso de terremoto o incendio, no hay caminos señalados ni vías de escape.

Según la ex Directora Alterna del Proyecto de Revitalización, Loreto Rebolledo, el proyecto de paisajismo no incluyó señalética porque los costos se disparaban demasiado. De eso se encargará la Administración de Campus, dice.

Además, se han perdido los espacios que antes servían como zonas de seguridad. Antes de la construcción de los aularios, había una cancha de fútbol y grandes estacionamientos que eran las zonas de seguridad ante cualquier evacuación del campus. Ahora ya no existen y no se han establecido otras alternativas.

Hace algunos meses, cuenta Huerta, el ICEI llamó a Bomberos porque se sentía un olor a quemado. El protocolo de Bomberos ante una situación de riesgo dentro de una institución educacional establece que tienen que traer al menos cuatro carros, en caso de que realmente se produzca un incendio, señala.

“Ese caso en particular, sucedió cuando se estaban haciendo trabajos en la entrada de Las Palmeras. Si hubiese existido un problema mayor, ¿cómo haces que entren dos carros de Bomberos al mismo tiempo?", se pregunta Huerta.

Medios de acceso para personas con capacidades disminuidas tampoco existen y se seguirán viendo perjudicadas mientras sigan las construcciones. Si bien en el plan maestro estaban contemplados medios de acceso más equitativos, los diseños de cada proyecto están en continuo cambio.

"Es un tremendo problema –afirma el subdirector Labrín- Sería absurdo decir que los accesos están pensados para personas discapacitadas, para nada. Estamos en situaciones bien anómalas, eso es real. Sabemos que estamos en condiciones muy precarias en términos de habitabilidad de este espacio por las obras".

La Iniciativa Bicentenario como organización ya no existe, puesto que el proyecto se terminó el año 2016. La responsabilidad de la administración recayó en los directores del proyecto pero el equipo de trabajo se desarmó. Aunque Pablo Oyarzún, académico de la Facultad de Artes, sigue como Director nominal, muchos de los temas relacionados con las construcciones se ven a nivel central de la universidad, lejos de la realidad cotidiana del campus.

Se termine pronto o no lo comprometido en la IBJGM, lo cierto es que el campus seguirá atravesando cambios estructurales por varios años más.

"Vamos a tener mucho tiempo de obra, eso sin lugar a dudas. Y vamos a tener que seguir viviendo en un campus que va a estar constantemente en obras. Vienen otras construcciones, no financiadas por Bicentenario o parcialmente, como el caso de Filosofía. Ojalá nosotros como ICEI a contar de 2019 tengamos nuestro nuevo edificio, y Ciencias tiene un proyecto de construcción del Departamento de Química. Vienen muchas más obras", concluyó el profesor Labrín.

 

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