Cuando se destaparon los casos emblemáticos de acoso y abuso sexual en 2015 por parte de profesores de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile, las víctimas no tenían ningún resguardo. Luego de dos años de intensas movilizaciones al interior de la facultad, la organización de una asamblea sólo de estudiantes mujeres ocupó la Casa Central y, luego de una toma del edificio de su facultad, lograron lo que históricamente estaban exigiendo las y los estudiantes de ese espacio.

Por Victoria Pino Lagos y Ángel Chávez Cataldo
Fotos por Andrea Valderrama Yevilao

Hace un par de años que la Universidad de Chile comenzó un lento proceso para eliminar las prácticas machistas que concluían en muchas ocasiones en violencia de género. Partiendo por las denuncias contra profesores y estudiantes que hacían abuso de su posición de poder sobre las mujeres de la casa de estudios.

Gracias a las denuncias que se hicieron en la Facultad de Filosofía y Humanidades, la universidad creó un protocolo de actuación ante denuncias sobre acoso sexual, acoso laboral y discriminación arbitraria, que se lanzó en enero del año 2017. Esto constituye un avance significativo para la comunidad universitaria en general, ya que, en 2014, Marcela (su nombre ha sido cambiado) quiso iniciar una denuncia por violencia en el pololeo frente a la Decana.

El problema: no existía tipificación alguna que especificara este tipo de situación para iniciar un sumario y la denuncia tuvo que ingresarse como un caso de bullying. Marcela cuenta que cuando decanato le informó sobre el veredicto de la investigación sumaria, el abusador, estando presente en la oficina, fue declarado culpable de bullying, “pero no pudieron negar la violación y la violencia, y el abuso constante, porque el mismo lo reconoció”.

 

La histórica naturalización del acoso

En 2015 se comenzó a vivir un clima de denuncia y descontento en los pasillos de la Facultad de Filosofía y Humanidades, pero en 2016 fue cuando empezaron a volverse visibles esas denuncias contra profesores que mantenían conductas machistas y violentas dentro de las salas de clase.

Las graves acusaciones destaparon lo que era un rumor o un mito, y lo que muchos creían como mentira, que en la Universidad de Chile algunos profesores y estudiantes abusan y acosan en lo que era la total impunidad a sus colegas. El encubrimiento y la naturalización era pan de cada día al igual que las clases que impartían semana a semana.

Todo comenzó en marzo de 2016 con la denuncia presentada ante la decana de la facultad María Eugenia Góngora por parte la estudiante María Ignacia León, en contra de su profesor de Historia, Fernando Ramirez. El caso trataría de abuso de poder y hostigamientos contra la estudiante y el sumario administrativo contó con al menos otros dos testimonios más.

Las repercusiones no tardaron en llegar y en la misma facultad ocurrió otra denuncia, en este caso, contra el ex director de la carrera de Historia, Leonardo León. Macarena Orellana y Dina Camacho fueron las que acusaron de acoso sexual al docente, quien también contaba con antecedentes de mantener relaciones íntimas con sus estudiantes, lo cual se hizo público debido un sumario en 1999 por abuso sexual a una estudiante de la Universidad de Valparaíso.

No bastando con eso, surgieron al menos 10 acusaciones contra los profesores antes nombrados y varios más de la institución en el primer semestre del 2016. Uno de los profesores acusados está muerto, quedando impune ante la denuncia realizada.

Aunque las prácticas de los profesores acosadores eran conocidas por rumores de pasillo por la mayoría de los estudiantes, la universidad no podía actuar porque las víctimas no denunciaban formalmente.

Los estudiantes reaccionaron frente a las denuncias, se organizaron y participaron en asambleas para discutir sobre estas temáticas. Redactaron un documento que repudiaba los hechos y daba apoyo a las víctimas. En este contexto, se creó el Comité de Ética y Convivencia de la Facultad de Filosofía y Humanidades, que reúne las denuncias y pruebas de las acusaciones presentadas por las estudiantes.

Marcela expresó la importancia de este Comité por la ineficiencia y la poca voluntad de la institución en apoyar y acompañar estos procesos. “Las únicas que me apañaron más fueron las chicas de la Sesegen y el Comité de Ética, pero yo misma ayudé a levantarlo para poder tener una instancia colectiva de apoyo. Ya existía, pero no tenía grandes proyectos ni consistencia. De mi carrera tampoco recibí gran apoyo, sólo más críticas y cuestionamientos”.

Luego de la masificación de estas dos primeras denuncias, Paula Godoy, ex estudiante de Leonardo León en la Universidad ARCIS, también publicó su acusación en Facebook, en la cual detalla sus diálogos con el profesor que se referían desde la ropa que usaba hasta su vida sexual.

En este contexto, causó indignación los dichos de Gabriel Salazar, historiador y ex docente de la Facultad de Filosofía y Humanidades, cuando defendió y encubrió a sus colegas y trató de “pintiparadas” a las denunciantes.

Debido a las denuncias, el 29 de marzo de 2016, Leonardo León presentó su renuncia a la dirección de la carrera de Historia mediante una carta que argumenta su decisión por falta de apoyo de la comunidad para generar su proyecto académico. Finalmente, solicitó su destitución de la Universidad de Chile el 16 de mayo del mismo año. El día en que el ex profesor envió la carta para su destitución, varias estudiantes contaron su experiencia con León para manifestar su preocupación por el tema, comenzando un sumario abierto en su contra.

La petición de destitución por parte de Leonardo León se debe a que no quería salir de la universidad con los papeles “sucios” producto del sumario para alguna futura contratación. Ser destituido sin sanción y no fruto de un sumario era la alternativa que le permitía poder seguir haciendo clases en alguna otra institución. Para los estudiantes de la facultad no fue visto de manera totalmente negativa, entendían que de haber sumariado al profesor León no habría ocurrido nada en su contra producto de la antigüedad de los hechos denunciados.

En la actualidad, Fernando Ramírez y Leonardo León no imparten cátedras en la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile. A pesar de ello, Ramírez se ha querellado contra la universidad y contra cuatro estudiantes denunciantes.

La violencia de género entramada con las relaciones de poder ejercido por profesores y estudiantes hombres se hacen carne en toda la facultad. Según comenta una profesora de la Facultad, quien prefirió mantener su identidad resguardada: “Yo no conozco mujer que no le haya pasado aquí, de verdad que no conozco, todas con las que he hablado les ha pasado algo, pero era tan normal que había que aguantarse. Los casos en Historia fueron un extremo”.

 

Una toma con reserva al derecho de admisión

La mañana del 24 de octubre de 2017 sucedió el primer hito importante de la serie de movilizaciones que fueron ocurriendo durante el segundo semestre, partiendo por el “Paseo de la vergüenza” el cual consistió en pegar carteles por las escaleras del edificio que mostraba comentarios dichos por profesores, tanto en clases como en declaraciones posteriores a los despidos de los docentes.

En la noche del mismo día, las que en un futuro próximo integrarían la Asamblea de Mujeres de esa facultad, se tomaron la Casa Central de la Universidad de Chile. Según lo acordado, la toma sólo duró un día y cumplió con sus dos objetivos: colgar un lienzo en las afueras de la Casa Central de la Universidad de Chile con el mensaje: “La Chile contrata acosadores, abusadores y violadores y los encubre ¿segura que quieres estudiar aquí?”.

El segundo propósito de esta acción era realizar una asamblea de mujeres llamando a las estudiantes de todos los espacios de la universidad para discutir las temáticas de abuso, acoso y violencia machista presentes en la Casa de Bello.

Al día siguiente, las integrantes de la Asamblea de Mujeres Autoconvocadas se tomaron la Facultad de Filosofía y Humanidades como mecanismo de presión ante las autoridades por los casos de acoso y abuso que aún no habían sido resueltos.  

La Asamblea de Mujeres surge como un espacio abierto para todas las estudiantes mujeres que quisieran participar en ella y llevar la toma con las responsabilidades y trabajos correspondientes.

La toma de la Facultad de Filosofía y Humanidades liderada y organizada por la Asamblea de Mujeres fue un espacio abierto para todas las estudiantes de la misma facultad, donde estipularon un reglamento de funcionamiento de la toma. Las reglas estaban escritas en papelógrafos en la entrada de la facultad y fueron compartidas por redes sociales de la Asamblea.

Para la Decana María Eugenia Góngora el tema aún es confuso: “Yo no tengo una idea muy clara acerca de ese grupo (la Asamblea de Mujeres). Me han dicho que está cercano a un movimiento político, el de los trostkistas. Nunca se los he preguntado, ni me interesa en particular andar preguntado adscripciones políticas”.

Los trostkistas, como son conocidos los miembros de las agrupaciones políticas de ultra izquierda como la ACR (Agrupación Combativa Revolucionaria), PTR (Partido de los Trabajadores Revolucionarios), y el movimiento feminista de clase Pan y Rosas, también se han visto envueltos en encubrimientos de prácticas machistas de sus militantes, siendo estos algunos de los grupos vetados de la toma: Unión Nacional Estudiantil (UNE), Juventud Revolucionaria por el Poder Popular (JRP3), Juventud Rebelde (JR), Partido de Trabajadores Revolucionarios (PTR), Pan y Rosas, Frente de Estudiantes Libertarios (FEL), Juventud Guevarista, Somos/Guachuneit y Juventud Revolucionaria Ernesto Guevara.

Este último punto se extendía al detallar quienes no podían participar: miembros de agrupaciones políticas que hayan recurrido al encubrimiento de cualquier tipo de violencia machista y de individuos que tengan denuncias de esta índole.

En cuanto a la participación de los estudiantes hombres en la toma, desde la Asamblea de Mujeres decidieron que podrían participar, pero no liderar. Gabriel González, Secretario General del Centro de Estudiantes de la Facultad de Filosofía y Humanidades, explica el funcionamiento de la toma para el caso de los estudiantes: “Era un rol más secundario. Pusieron sus manos al servicio de la toma y de este proceso. Fue un rol de colaboración, no de liderazgo, fuimos entendidos como aliados y no como dirigentes, y eso también es interesante a nivel histórico.”

Asimismo, sólo se podía ingresar si eran estudiantes de la Facultad de Filosofía y Humanidades y mostrando la tarjeta universitaria que identifica a los estudiantes de la Universidad de Chile. En cambio, aquellos que no estudiaban en la facultad estaban limitados a participar en actividades puntuales y dejando un documento de identificación en el control de ingreso.

De la misma forma, la facultad y los lugares aledaños estaban sometidas a ley Seca y a ley a Tierra, que obligaban a no consumir alcohol ni fumar marihuana en el espacio.

 

El caos en la jerarquización de la facultad

El tema de la toma también fue motivo de burla por parte de los profesores, según comenta otra profesora de la facultad, quien también prefirió resguardar su identidad: “Cuando yo decía es una toma de puras mujeres los hombres decían ‘ay voy a ir’, como si fuera un carrete ¿no? Esa era la reacción. Después se daban cuenta de que si no prende ese comentario es como ‘bueno en realidad deberíamos tratar de que esto no pasara y escuchar, y que efectivamente molesta’”, comenta la docente.

La profesora cuenta que la desinformación era tan grande que daba para pensar que podía ser a propósito. Que algunos decían que en Historia se quería hacer un golpe de estado. Que se pensaba que había maquinaciones políticas de fondo. Todo lo anterior siendo un gran problema para la Asamblea, que desde el día uno firmó como “Asamblea de Mujeres Autoconvocadas sin Militancia Política”.

El tema de la desinformación parece ser clave dentro del funcionamiento de la facultad. La Decana María Eugenia Góngora explica que para que los docentes se enteren de lo que está pasando dentro de los departamentos de cada carrera, depende directamente del director de carrera que debe entregar la información a los profesores del departamento sobre las problemáticas que aquejan a la comunidad estudiantil.

Junto a la toma de la facultad, la Asamblea hizo público el petitorio de la movilización y que contenía 13 puntos que se separaban en medidas inmediatas-coyunturales y de mediano y largo plazo. De ellas se desprende:

 

(1) El término del convenio con el docente Ángel Gordo.

(2) La apertura inmediata de un sumario en contra del profesor Francis Goicovich.

(3) La renuncia de Mario Matus del cargo de Director del Departamento de Ciencias Históricas.

(4) La no contratación ni renovación contractual de académicos y personal que tengan antecedentes penales o sumarios anteriores.

(5) Medidas preventivas y resguardos inmediatos en contextos de sumarios con la suspensión y la contratación de otro docente.

(6) Medidas de protección estudiantiles en tanto apoyo académico y apoyo profesional, psicológico y judicial.

(7) La apertura de sumarios inmediata de casos que no fueron tomados en cuenta en el pasado.

(8) Un comunicado por parte del Decanato de la facultad que transparente los sumarios en contra de los profesores Sergio Carrasco y Leonardo León, de la misma forma.

(9) Otro comunicado que pida disculpas a la comunidad universitaria de la Facultad de Filosofía y Humanidades.

(10) Marcha blanca de una semana una vez terminada la movilización.

(11) La creación de una Comisión de Ética y Convivencia Biestamental por carrera que esté en directa relación con la Comisión de Ética de la facultad.

(12) Capacitación para académicos obligatoria.

(13) Establecer que la encuesta docente tenga carácter vinculante y resolutivo, agregándole un ítem sobre la ética y el comportamiento dentro de la sala de clase.

 

Después de presentar los 13 puntos ante las autoridades de la facultad, luego de tres días, el jueves 9 de noviembre ocurrió la primera reunión entre las estudiantes y las autoridades. A pesar de contar con la presencia del Prorrector, el equipo de decanato, el Comité de Ética Triestamental, la encargada de la cátedra de Derechos Humanos de la Universidad de Chile, la Oficina de Igualdad de Oportunidades de Género y el Centro de Estudiantes, la decana María Eugenia Góngora, no participó del primer encuentro entre ambas partes. Acorde a su versión, se encontraba con gripe.

Tras esta reunión, comienza el proceso de negociación en el periodo entre el 13 y el 16 de noviembre, en las cuales se integra la decana en las conversaciones. Naira Martínez, integrante de la Asamblea de Mujeres y parte de la comisión de negociación, cuenta como eran las reuniones: “Nosotras fuimos las que propusimos la manera, los invitados y la metodología para negociar. El espacio de negociación no era a puertas cerradas en un dime y diretes de propuestas y contrapropuestas con las autoridades, sino que era un espacio de debate, de diálogo, de propuestas políticas, incluso análisis filosóficos”.

Después de varias y largas jornadas de discusión, el 17 de noviembre se terminan las negociaciones y las autoridades acuerdan aprobar 12 de los 13 puntos en común. La toma se baja y la Asamblea de Mujeres queda satisfecha con el resultado.

Tras esto, se difunde la aprobación del petitorio por las redes sociales de la Asamblea de mujeres. El sentimiento de justicia comienza a ser parte de los pasillos de la facultad, mientras los puntos del petitorio han comenzado a llevarse a cabo: “Una vez más hemos comprobado que cuando nos unimos y nos organizamos de manera seria y responsable, se logran cambios sustanciales en nuestro espacio universitario. Una vez más somos las estudiantes las que luchando por nuestro derecho damos los primeros pasos para lograr un ambiente educativo seguro y avanzar en la construcción de un ambiente libre de violencia patriarcal”, afirma Naira Martínez.

El intento de erradicar la violencia de género es un logro a nivel histórico: la toma de noviembre de 2017 sólo en manos de mujeres consiguió un 97% del petitorio. Ahora queda que se cumplan las condiciones acordadas con la institución.

Las mujeres de la Facultad de Filosofía y Humanidades tienen claro que esto sólo sucederá si son ellas quienes presionan y se aseguren de que esto ocurra de la forma debida.

 

Si te encuentras en una situación de acoso sexual, acoso laboral o discriminación arbitraria, seas estudiante, docente o funcionario, en caso de que la vulneración de tus derechos se hayan cometido dentro o fuera de la universidad, consulta el protocolo haciendo click aquí.

 

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