Ser estudiante en la Universidad de Chile significa para algunos un orgullo, para otros, es un símbolo de estatus social. Sin embargo, ser parte de esta casa de estudios también puede significar un verdadero padecimiento, con consecuencias para la salud que pueden llegar a ser mortales.

Por Leslie Monet, Michelle Martínez y Cristóbal Salamanca
Foto por Marco Jiménez  

El deterioro mental de una persona comienza de manera silenciosa, avanza de forma lenta y progresiva. Si bien el cuerpo advierte con síntomas, no se genera una conciencia real e inmediata de que algo grave está pasando. María, estudiante de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile, vivió esto en carne propia, comenzó con una alteración del sueño y recurrió a la automedicación durante su primer semestre universitario, en el año 2016.

Debido a la carga académica, María esperó hasta terminar sus responsabilidades para poner más atención a su salud. Sus exámenes generales no arrojaron resultados muy positivos respecto a sus condiciones físicas, entre las que se confirmaban el insomnio que había comenzado a padecer. Hasta la fecha, la joven ha pasado por especialistas en psicología del Servicio Médico y Dental de la Universidad de Chile (SEMDA), además de otros profesionales que atienden de forma particular.

“Lo único que me dijo el psicólogo fue que dejara los medicamentos por 3 semanas y que luego fuera a verlo nuevamente, nada más, no le dio importancia a algunos eventos de mi vida que derivaron en el problema, ni me ayudó a enfrentarlos”, crítica María. Además de este incipiente diagnóstico, le dieron la opción de descansar durante una semana, desde el 26 de junio al 1 de julio.

El camino hacia la depresión

Claudia Gamboa es psicóloga de la Clínica de Atención Psicológica de la Universidad de Chile (CAPs) y explica que la depresión puede afectar en distintos niveles, sin embargo, hay estados que son observables y que requieren cierto tratamiento. “Si la depresión es leve, esto es estar sin ganas o sin ánimo por todo, con una terapia psicológica se puede tratar; pero si la depresión ya afecta a la salud de la persona, no le deja dormir, le cambia el humor o tiene otro tipo de trastornos físicos, debe tratarse con pastillas”, detalla la profesional.

Existen estudios que profundizan sobre los factores que pueden llevar a una persona a la depresión. En el año 1985, el Dr. Guillermo Calderón llegó a la conclusión de que hay al menos cuatro causas: la primera es genética, que tiene que ver con la vulnerabilidad específica a la psicosis maniaco depresiva. La segunda es una causa psicológica, asociada a factores emocionales que pueden ocurrir en distintas etapas de la vida de una persona: la falta de apego con la madre, la adolescencia y las dificultades de la adultez son algunos ejemplos

La tercera y la cuarta son las causas ecológicas y sociales, ambas influyen en el desarrollo de depresiones “simples”. Los factores ecológicos que derivan en la depresión apuntan al nivel de desarrollo tecnológico acelerado de los últimos años, que tienen importantes consecuencias para el medio ambiente.

Por ejemplo, Calderón explica que la contaminación acústica puede producir insomnio, agotamiento intelectual físico y trastornos del carácter. Cabe destacar que, en las grandes ciudades como Santiago, los decibeles pueden llegar desde 70 a 80. Según datos recabados por Mapcity, en la transitada Alameda, actualmente el ruido alcanza un peak de 75 db.

Aterrizando estos antecedentes a nuestro contexto actual, los especialistas concuerdan con lo expuesto con Calderón y aquellos factores que desencadenan comportamientos depresivos siguen manifestándose en el Chile de hoy.

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El pasado 7 de abril, la Organización Mundial de la Salud publicó en su informe “Depresión y otros desórdenes mentales comunes” que, en Chile, 844.253 personas mayores de 15 años sufren de depresión, es decir, el 5 por ciento de la población. Estos datos se basan en la última Encuesta Nacional de Salud realizada por el Ministerio de Salud en el año 2010. Ya para esa fecha, en nuestro país el 16 por ciento del total de días solicitados por licencias médicas fue por depresión.

Un escenario que se torna más complejo si consideramos que Chile es el segundo país de la OCDE, después de Corea del Sur, donde ha aumentado considerablemente la tasa de suicidios en la población joven. El mismo Ministerio de Salud (MINSAL) proyectó que para el año 2020, las muertes autoprovocadas alcanzarán los doce casos por cada 100 mil habitantes, en la población de 10 a 19 años.

Pese a estas preocupantes cifras, en nuestro país hay una falta de profundización en los estudios acerca del tema, sobre todo en lo que respecta a la realidad infantil y juvenil. La Dra. Carolina Corvalán, académica de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Chile y también especialista de la CAPs, crítica esta realidad: “Al pensar en tesis o equipos de trabajo sobre el tema, no se me viene nadie a la mente, lo que pasa es que todos los que egresan salen a trabajar, no a investigar”, sentencia.

Tesis que apoya la socióloga e investigadora de la Universidad de Chile, María Emilia Tijoux, quien explica que los factores que dan pie a trastornos depresivos en los jóvenes se vinculan fuertemente con su entorno académico y sus relaciones sociales.

“Estamos viendo que hay una fabricación de élite cada día más brutal. Esta competitividad y sobre todo el sufrimiento social que se desprende de la imposibilidad de los jóvenes de lograr esas metas altas, surgir en la vida, ser “alguien“ y todas esas cosas que se les exigen. Todo eso se ve en la salud física y en la salud mental”, explica Tijoux.

En esta misma línea, la vida estudiantil sería uno de los grandes causantes de la depresión en los jóvenes. La académica da cuenta de un sistema que presiona a los menores a competir desde sus primeros años de vida: “En Chile principalmente, la obligación de competir hace que hoy día se les exija a niñas y niños desde la básica a ser los mejores del curso, donde las exigencias de las notas se mueven a tal nivel y en tal rango que los niños sufren por eso.”

El diagnóstico universitario

María Emilia Tijoux es tajante al explicar que “la Universidad de Chile siempre ha sido una fabricación de élite y eso hay que tenerlo muy claro, ingresar acá aparece como un premio para la vida”. Inevitablemente, esto provoca una presión en el alumnado, quienes dan cuenta de un panorama académico desgastante y brutal, pero también silencioso.

”La presión emocional fue tal que comencé a infligirme heridas en los brazos, no podía concentrarme al trabajar y pasaba horas frente al computador sin poder hacer nada”, confiesa un estudiante de la Facultad de Ciencias Sociales, quien prefiere mantenerse en el anonimato.

En tanto, desde Filosofía, otro anónimo señala: “La presión de la universidad me provocó ataques de pánico, insomnio, angustia, episodios de depresión severa. La mayoría de los funcionarios son poco empáticos con los problemas de corte psicológico y el sistema burocrático es poco amable”.  Esto último apunta al sistema de certificados o solicitudes, que en la mayoría de las facultades de la Universidad de Chile se realiza de manera presencial. “Cuando estas teniendo un síntoma como cualquiera de los que yo tuve, la sola idea de salir de la cama es una tarea casi imposible”, explica.

En este sentido, estudiantes critican una falta de profesionalismo y empatía por parte de algunos profesores. “En mi primer año de U, había un profesor que se burlaba constantemente de los alumnos que responden mal en clases y alentaba a los otros estudiantes a burlarse, también nos decía que no éramos dignos de esta universidad”, cuenta una alumna, también parte de la Facultad de Filosofía.

Una crítica a la labor pedagógica que también hace otra joven de la Facultad de Ciencias Sociales: “Francamente, no entiendo la idea de querer “rajar” a los estudiantes. No puede ser que nos veamos en este tipo de situaciones por algo tan simple como las evaluaciones. Si estoy en la Universidad es porque quiero aprender y espero ser una buena profesional, pero no creo que eso se logre traumatizándonos, no puede ser que aprendamos con miedo”.

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Si bien, esta realidad dentro de la Universidad de Chile es generalizada, no es algo reciente. Patricia Muñoz, Subdirectora de Asuntos Estudiantiles de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile, cuenta que desde la década de los 90 hasta el día de hoy hay cinco casos registrados de estudiantes del Campus Beauchef que se quitaron la vida antes de egresar.

Muñoz también da cuenta de jóvenes que han intentado cometer suicidio y que en este contexto han acudido a tratarse con ellos, algunos por iniciativa propia, otros han sido derivados. Frente a esta realidad, en 2015 la Unidad de Calidad de Vida Estudiantil comenzó a implementar el llamado Plan Piloto de Salud Mental, que incluye capacitaciones a miembros del equipo académico que están en contacto constante con los estudiantes.

“Nosotros tenemos 13 carreras, son 5800 alumnos, de pregrado solamente, entonces no todos van a clases, no todos tienen amigos, no todos tienen el mismo círculo de amigos, no todos tienen el mismo horario, no es tan fácil llevarles un seguimiento”, explica Muñoz y describe las principales aristas de este plan: “Así como existen los primeros auxilios físicos, también existen los mentales, les enseñamos a las secretarias docentes y profesores auxiliares qué signos detectar, qué indicios te pueden indicar cierto tipo de conductas, a dónde derivarlos y cómo hacerlo”.

Si bien hay unidades especializadas para el tratamiento psicológico de los alumnos, como el SEMDA y el CAPs, Muñoz señala que existe desinformación en la comunidad universitaria. Esta es otra de las falencias que busca cubrir el Plan Piloto de Salud Mental. “Aunque toda esta información está en internet, gran parte del equipo académico no tenía la idea completa de cómo hacerlo, a quién derivar y qué hacer en caso de un evento así”, explica.

Una realidad que es avalada por los estudiantes: “Nadie acude a los médicos o porque no saben que los del SEMDA son gratis o porque en dar horas se demoran demasiado” crítica otro alumno que no reveló su identidad. En función de esto mismo, Catalina, estudiante de Filosofía no quedó satisfecha con la atención que recibió: “El enfoque es principalmente académico y los problemas que uno tiene no siempre son consecuencia de eso o tampoco es lo único que necesitas solucionar. No me gustó mucho la atención en ese sentido”, declara.

Más allá de "ser hijx de Bello" 

La presión académica y social de ser estudiante de la Universidad de Chile es solo uno de los múltiples factores causantes de la depresión en parte del estudiantado. La psicóloga Claudia Gamboa enfatiza en esto y además explica que los factores de la depresión pueden variar mucho dependiendo de cada caso. En algunas personas incluye estar muy triste todo el tiempo y sin ganas de salir de la cama, mientras que en otras puede reflejarse en periodos de gran inestabilidad emocional.

“Hay depresiones que no necesariamente representan tristeza y simplemente se desarrollan como una apatía hacia todo, por ejemplo: a una persona sana, no obstante triste, si se le regala un viaje a Cancún, se pondrá feliz; una persona enferma, en cambio, recibirá el regalo, pero no expresará ninguna emoción”, detalla Gamboa.

Al ser la depresión una enfermedad que afecta en distintas áreas de la vida del ser humano, hay que tener en cuenta que el fenómeno responde a algo más grande que la presión académica constante. José pertenece al departamento de Antropología de la Facultad de Ciencias Sociales y empatiza con esto. “Tengo muchos estudiantes tratándose psicológicamente en el CAPs y alumnos que han presentado certificados por depresión. Yo mismo luego de tener períodos en los cuales no hago nada más que comer y cumplir deberes universitarios, me he sentido así, como si la vida no tuviera más sentido que ese”, confiesa.

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Luego de su última visita al psicólogo, María tiene una semana de receso. Sin embargo, considera que este periodo no es suficiente para rendir con todas las pruebas y trabajos. La joven estudiante confiesa que existen complicaciones en otros aspectos de su vida, los que, a su juicio, no son considerados por la carga académica diaria que le exige su casa de estudios. “No todo es universidad, también tenemos vidas familiares que a veces pesan más en nuestro día a día, y si no estamos bien en casa, en la universidad tampoco lo vamos a estar”, sentencia.

 

Publicado en RBP #81 Mayo - Junio 2017

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Bello Público

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